Hay canciones que nacen de una batalla y otras de una apuesta entre cuatro mozos. «Tomasón tiró la piedra» es de las segundas. La compuso, letra y música, Sabino el gaiteru, en San Martín del Rey Aurelio, a partir de un peñón que alguien echó monte abajo y que dejó bloqueada la puerta de su cuadra. La versión que publicó La Nueva España tiene doce estrofas, una vaca que a las cuatro de la tarde sigue sin atender y un pariente que evitó que interviniera la Guardia Civil.
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Un camino abierto a pico y pala
Para entender la piedra hay que empezar por el camino. A comienzos de los años cincuenta, los vecinos de La Cabaña, con Sabino al frente, pidieron ayuda al alcalde, Elviro Martínez, para abrir una senda por la que pasaran caballerías hasta lo alto de la aldea. El Ayuntamiento fijó un coste de 28.000 pesetas; Sabino aportó dirección, mano de obra y materiales, y cobró al terminar.
El camino arrancaba junto a la capilla de San Frechoso y subía por los montes del Rimadero. Se abrió a pico y pala, sobre una vieja escombrera de mina de terreno suelto, y al llegar a una cantera en la zona del Cantu hubo que partir roca. La goma del 30 lanzaba piedras a distancia, así que pasaron a la dinamita, que sacaban del Pozo Villar de dos cartuchos en dos, a escondidas y sin llamar la atención. Entre las piedras sueltas que dejaron esos trabajos en el Cantu estaba el peñón de esta historia.
Una cena, una partida y una apuesta de fuerza
Casa Maxín era a la vez chigre y tienda de comestibles, al comienzo de la calle Nueva. Tenía fama de estar bien surtida y de dar bien de comer, y los sábados era el sitio para juntarse al salir de la mina. Allí coincidieron cuatro mozos de Llaneces, entre ellos Tomasón, que cenaron, jugaron su partida y, ya pasada la medianoche, subieron por la cuesta: dejaron atrás San Frechoso y la ermita de Santa Inés, cruzaron el túnel de la antigua mina del Elorduy y llegaron al Cantu.
Entre las piedras sueltas destacaba un peñón de forma más o menos cúbica. Se apostaron a ver cuál de los cuatro tenía más fuerza; tres juntos no consiguieron moverlo. Según la canción, el más fuerte era Tomasón, y fue él quien lo empujó cuesta abajo.
La mañana en que Carmen no pudo entrar
Según el cronista, el peñón no llegó a rodar, se deslizó: de haber girado como una bola, habría cogido velocidad y el montón de estiércol de la cuadra no lo habría parado. Se detuvo ahí, pero dejó la puerta bloqueada, y cuando Carmen, la mujer de Sabino, fue a atender a la vaca, no pudo entrar. Sabino preguntó a los vecinos y todos coincidieron: habían sido los mozos de Llaneces, que de madrugada pasaron cantando y dijeron algo de un peñón.
La canción cuenta lo que sigue con guasa: Sabino baja al pueblo a avisar a la Guardia Civil, manda a un hijo a Sotrondio en busca de quien pueda apartar la piedra, se pide que baje Tomasón, y a las cuatro de la tarde la vaca sigue sin atender. La solución real fue más modesta: barras rígidas traídas del Pozo Villar, a modo de palanca. Y un pariente de Tomasón y de Sabino hizo de mediador, serenó los ánimos y evitó que actuara la Guardia Civil.
Sabino, picador y gaitero
Sabino Iglesias Castaño había sido picador en el Pozo Villar y ya estaba retirado de la mina. Se hizo popular en toda Asturias como gaitero: en las fiestas, cuenta el cronista, tenerlo era todo un acontecimiento. A mediados de los años sesenta, el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio le hizo un homenaje por su trabajo con la música de gaita.
Letra y música son suyas, y la canción se hizo popular enseguida en la comarca del Nalón; después hubo otras versiones. Las estrofas completas llegaron a La Nueva España en 2015 gracias a un hijo de Sabino. Conviene saber que todo el relato descansa en un cronista local, César González Antuña, que recogió las estrofas de la familia de Sabino: el propio artículo se pregunta si fue realidad o cuento de caleya y defiende que la historia real es la suya. No hemos encontrado una segunda fuente independiente.
Qué queda hoy y por dónde moverse
Según ese artículo, de 2015, el peñón sigue donde quedó. Ni el artículo ni las rutas del Ayuntamiento que hemos consultado lo sitúan, así que no conviene buscarlo a ciegas. Sí se puede subir al valle: la carretera del Valle de la Campana, que sale de San Martín, lleva a Cabañesnueves y a Llaneces de Pedriego, un caserío a 540 metros de altitud y 4,2 kilómetros de Sotrondio. Por ella se llega a la ruta lineal de La Campeta a El Mayáu, de 16 kilómetros y unas siete horas solo de ida según Vivir Asturias, con vistas a los valles de Blimea y La Güeria. Las fuentes de la canción solo dicen «Llaneces», así que no podemos asegurar que sea este el caserío de los mozos.
Para ver cómo era una mina de la zona, el Pozo Sotón, entre El Entrego y Sotrondio, extrajo carbón de 1918 a 2014, según el Ayuntamiento, y su web ofrece la visita larga al interior con reserva; la corta figura hoy como fuera de servicio (consultada en octubre de 2026). Sotrondio queda a 30 kilómetros de Oviedo y la línea C-2 de Cercanías llega hasta El Entrego, en el mismo concejo.
Comprobado
Datos comprobados en septiembre de 2026 en: La Nueva España (artículo de César González Antuña del 12 de octubre de 2015, reproducido en El Blog de Acebedo), Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio, web del Pozo Sotón, Vivir Asturias y Wikipedia.