De Cadaqués al faro del Cap de Creus a pie son unos 14,8 kilómetros entre ida y vuelta, por el camino antiguo del faro y el GR-11, transitables siempre, con la carretera abierta o cerrada. Desde Guillola, el último tramo son unos tres cuartos de hora de corriol hasta el edificio del faro. En el recorrido no hay fuentes: hay que llevar toda el agua.
Durante buena parte del verano la carretera al faro está cerrada a los coches, y eso ha devuelto al camino de a pie el papel que tuvo siempre. Son unos 14,8 kilómetros entre ida y vuelta desde el pueblo, por el mismo trazado que usaban los fareros antes de que existiera el asfalto. Y hay un premio al final que mucha gente se pierde por no bajar diez minutos más entre las rocas.
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La carretera cerrada devuelve el camino a los que andan
El acceso rodado a la punta del Cap de Creus lleva años regulándose, y en verano la restricción es diaria: la carretera entre Cadaqués y el faro se cierra al tráfico general durante los meses centrales de la temporada, con control por cámaras. Hay un aparcamiento gratuito en el Corral d'en Morell, en el propio pueblo, y desde allí sale un servicio de lanzadera con paradas en Guillola, Tudela y el faro. Fuera de esas fechas hay días sueltos con restricción también en primavera. Conviene mirar el calendario vigente en la web del parque natural antes de organizar el día, porque cambia de un año a otro.
Lo interesante es lo que ese cierre provoca. Cuando el coche deja de ser una opción, la caminata pasa de excentricidad de senderista a la manera lógica de llegar, y el cabo se recorre a la velocidad a la que se entiende. El acceso a pie no se cierra nunca: el camino antiguo del faro y el GR-11 son transitables siempre, con carretera abierta o cerrada.
Hay además una simetría que gusta a quien conoce el sitio. Ese camino no es una ruta inventada para excursionistas: fue durante décadas la vía principal de acceso al faro, que se inauguró en 1853 y es el segundo más antiguo de Cataluña. Por ahí subían los suministros y bajaban los fareros al pueblo. La carretera es el añadido moderno; el sendero es el original.
Cómo es el camino de verdad, tramo a tramo
La ruta arranca en el paseo de Cadaqués y no empieza con épica: los primeros compases son calles y asfalto en dirección a Portlligat. A partir de ahí el itinerario se convierte en un camino que cruza la carretera varias veces y que coincide con ella en un par de puntos hasta la playa de Sant Lluís. Después continúa hacia la cala Guillola bordeando la costa, y es desde Guillola donde empieza lo bueno.
Ahí se toma primero una pista y luego un sendero estrecho, que es propiamente el Camí Antic al Cap de Creus. Ese último tramo son unos tres cuartos de hora de corriol hasta el edificio del faro, avanzando entre antiguas viñas hoy abandonadas —los bancales de piedra seca del Cap de Creus siguen dibujando la ladera aunque no quede una cepa— y con el faro a la vista casi todo el rato, lo que hace la subida más llevadera de lo que parece en el mapa. La mayor parte del trazado es angosto e irregular, con mucha piedra suelta; solo el principio, en la zona urbanizada, es pista ancha y cómoda.
La señalización se resuelve con postes verticales en los cruces, con indicaciones a Cap de Creus y al Camí Antic. En el tramo final, además, aparecen las marcas blancas y rojas del GR-11, que a partir de ahí comparten trazado. No es una ruta en la que uno se pierda, pero sí una en la que conviene mirar los cruces: en algunos puntos el sendero y la carretera se rozan y es fácil acabar caminando por el asfalto sin darse cuenta, que es exactamente lo que no se quiere hacer.
En el edificio del faro hay un espacio de interpretación del parque y servicio de restauración con terraza, con lo que la vuelta se puede afrontar habiendo descansado y con la botella rellenada. Es prácticamente el único punto del recorrido donde eso es posible.
Diez minutos más abajo: el kilómetro cero de la Transpirenaica
Aquí está lo que casi nadie sabe. La mayoría de la gente llega al faro, hace la foto desde la explanada y se da la vuelta. Pero desde el edificio sale un sendero que baja entre las rocas y en unos diez minutos deja en la punta misma, a pocos metros del agua. Y en esa punta, pintado sobre la piedra, hay un círculo blanco con un punto rojo.
Ese círculo es el extremo oriental del GR-11, la Senda Pirenaica: unos 800 kilómetros de travesía que cruzan los Pirineos de mar a mar, del Mediterráneo aquí en el Cap de Creus al Cantábrico en el cabo Higuer, cerca de Hondarribia. Cuarenta y tantas etapas, y la gente que las hace tarda entre mes y medio y dos meses. El mismo punto es, además, el lugar más oriental de toda la Península Ibérica: no hay tierra peninsular más al este que esa roca.
Entre quienes empiezan o terminan la travesía existe una costumbre que explica bien por qué merece la pena bajar. Muchos se acercan unos metros más hasta la orilla, mojan las manos en el mar o recogen un poco de agua en un recipiente, y repiten el gesto al llegar al otro extremo, vertiendo el Mediterráneo en el Cantábrico o al revés. Uno puede toparse en esa punta con alguien que lleva cuarenta días andando y que está a punto de cerrar el círculo, o con alguien que lo empieza esa misma mañana con las botas nuevas. Es un sitio con más carga de la que aparenta para lo poco que ocupa.
La versión corta: Tudela y cala Culip
No todo el mundo quiere quince kilómetros. La alternativa buena, y no es un premio de consolación, es la ruta del paratge de Tudela hasta la cala Culip: unos 5,6 kilómetros entre ida y vuelta, sin dificultad técnica, por un camino pavimentado y cerrado al tráfico que atraviesa todo el paraje. Se arranca en el desvío de la carretera de Cadaqués al Cap de Creus, se caminan unos cuatrocientos metros hasta la zona de aparcamiento de Tudela —abierta solo en determinados periodos— y desde ahí el itinerario está indicado y bien marcado, con pequeños senderos laterales hacia los puntos de interés.
Lo que se ve en ese tramo justifica el desvío. Es el paisaje de esquistos y pegmatitas erosionados por la tramuntana y el mar que ha ido tomando formas reconocibles: el camello tumbado, el águila, el conejo, el caballo, el cangrejo. No son nombres de folleto turístico, son los nombres con los que se conocen de siempre. Estas formaciones de esquistos y pegmatitas son, según distintas fuentes, la inspiración de algunos de los cuadros más conocidos de Dalí, como El gran masturbador (1929). Dalí pintó esta zona una y otra vez, y defendió por escrito ante el arquitecto del complejo turístico que se construyó aquí que el trecho entre el Camell y l'Àguila debía quedarse como pura geología, sin nada que lo alterase.
No se salió con la suya en su momento: el Club Med se levantó igual. Pero el paraje se recuperó después. Entre 2009 y 2010 se derribaron de forma selectiva las cuatrocientas y pico edificaciones, se gestionaron decenas de miles de metros cúbicos de residuos reciclando prácticamente todo el material, se retiró flora exótica invasora de casi un centenar de hectáreas y se restauró la orografía y el drenaje naturales. El proyecto ganó el Premio Internacional de Paisaje Rosa Barba en 2012. Caminar hoy por Tudela es caminar por una demolición muy bien hecha, aunque cueste adivinarlo.
Lo práctico que conviene saber antes de salir
Agua encima, toda. En el recorrido no hay fuentes, y entre Cadaqués y el faro no hay ningún punto donde rellenar hasta llegar arriba. Es el error clásico del que sale a media mañana pensando que ya encontrará algo. La sombra es escasa por definición: esto es matorral bajo, roca y viento, no hay arbolado que valga. En verano eso obliga a salir temprano de verdad, no a las once, y a plantearse el regreso con la misma cabeza.
Calzado con suela y algo de agarre. El corriol final tiene mucha piedra suelta e irregular, y no es terreno para sandalias ni para zapatillas de suela lisa. No hace falta bota de montaña, pero sí algo que sujete el tobillo en la bajada, que es donde se resbala. Y hay que contar con la tramuntana: cuando sopla, el cabo es otro sitio, camina bastante peor y en la punta hay que tener cuidado cerca del agua.
El otro factor es el riesgo de incendio. Con el Pla Alfa en nivel 4, los accesos al parque se cierran por completo, y eso incluye el camino. Se consulta el mapa de riesgo el mismo día antes de salir; no es un trámite, es la diferencia entre hacer la ruta y darse la vuelta en la barrera.
Y la combinación más útil de todas, la que hace que mucha gente disfrute mucho más del día: subir a pie y bajar en lanzadera, o al revés. La lanzadera admite billete de trayecto sencillo, con lo que se puede hacer la caminata entera en un sentido y ahorrarse la repetición del regreso con calor. Las tarifas y horarios cambian de temporada, así que lo sensato es confirmarlos en la taquilla del Corral d'en Morell o en la web del operador el mismo día.
Las reglas del sitio, que aquí no son decorativas
La punta del Cap de Creus y la zona de Tudela forman parte de la Reserva Natural Integral del Cap de Creus, la figura de protección más estricta que existe. La norma práctica es simple: no se puede circular fuera de los itinerarios señalizados del parque. No es una recomendación de buenas maneras, es la razón por la que este paisaje sigue teniendo el aspecto que tiene después de décadas de presión turística en toda la costa.
Eso significa también que solo se accede a las calas a las que llegan esos senderos —Jugadora, Culip y Gentils—, y no a cualquier recodo que se vea apetecible desde arriba. Es una limitación que se entiende sobre el terreno: buena parte de la vegetación de aquí es de porte bajo y crecimiento lentísimo, y las trochas improvisadas se convierten en cicatrices que tardan años en cerrarse. En un sitio donde el viento y la sal ya hacen bastante daño por su cuenta, el atajo de cada uno se nota.
Un último apunte para quien quiera el track y los datos finos. Merece la pena preparar la ruta con las fichas del Camí Antic al Cap de Creus y del paratge de Tudela de Rutes Pirineus, que están bien levantadas y actualizadas, y consultar la información oficial de accesos, restricciones y calendario en la web del Parc Natural de Cap de Creus. Es mejor fuente que cualquier resumen de segunda mano, incluido este.
Preguntas rápidas
¿Se puede ir en coche al faro del Cap de Creus en verano?
No en los meses centrales de la temporada: la carretera entre Cadaqués y el faro se cierra al tráfico general, con control por cámaras. Hay aparcamiento gratuito en el Corral d'en Morell y una lanzadera con paradas en Guillola, Tudela y el faro.
¿Hay una ruta más corta que ir hasta el faro a pie?
La del paratge de Tudela hasta la cala Culip: unos 5,6 kilómetros entre ida y vuelta, sin dificultad técnica, por un camino pavimentado y cerrado al tráfico.
¿En qué punto empieza el GR-11 en el Cap de Creus?
En la punta, a unos diez minutos a pie por un sendero que baja desde el edificio del faro: allí, pintado sobre la piedra, hay un círculo blanco con un punto rojo. Son unos 800 kilómetros hasta el cabo Higuer.
¿Se puede volver del faro en lanzadera?
Sí: la lanzadera admite billete de trayecto sencillo, con lo que se puede hacer la caminata entera en un sentido.