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Cadaqués · Costa Brava

Talleres abiertos y tiendas con nombre propio en Cadaqués

Cadaqués tiene tiendas de recuerdos como cualquier pueblo turístico, pero también tiene otra cosa mucho menos común: talleres donde quien te atiende es quien hace lo que vende. Una joyera que lleva veinte años en su taller del carrer Vigilant, un estudio de dibujantes en lo que fue la galería de Joan Tharrats, más de sesenta artistas residentes con las puertas del estudio abiertas. Comprar aquí puede ser un acto de turismo de masas o una conversación con la persona que hizo la pieza. Esta guía va de lo segundo.

Gemma Ridameya: joyas como esculturas de bolsillo

En el carrer Vigilant, Gemma Ridameya lleva veinte años diseñando joyas que ella misma describe mejor con las manos que cualquier folleto: piezas concebidas como escultura en pequeño formato, con inspiración en el arte ritual africano. No es una tienda con taller detrás; es un taller con mostrador delante, y esa diferencia se nota en cada pieza.

Es el tipo de compra que envejece bien: dentro de diez años no recordarás la tienda de imanes, pero sí a la joyera de Cadaqués que te enseñó su trabajo en su propio banco de taller.

El Taller de Tabakov, en la antigua Sirena de Tharrats

En Riba Pitxot 6 trabaja una pareja de dibujantes: Elodie Loiseleur, francesa, y Javi Aznarez, dibujante formado en Barcelona. Su Taller de Tabakov ocupa un local con genealogía: fue la biblioteca-galería La Sirena de Joan Tharrats, uno de los nombres del arte catalán vinculados al pueblo.

Es una cadena muy de Cadaqués: un espacio de arte que, al quedar libre, no se convirtió en heladería sino en el estudio de otros artistas. Las paredes cambian de manos, pero no de oficio.

Estudios con la puerta abierta

Más de sesenta artistas residen hoy en Cadaqués, y muchos trabajan con el estudio abierto al visitante. La nómina es un pequeño mapamundi: el pintor y escultor uruguayo Sbarbaro en la calle Unió, la escultora catalana Natalia Tomas en Eduard Marquina, el alemán Daniel Zerbst con su pintura y collage en el carrer Nou, Ramon Moscardó y su temática mediterránea en Hort d'en Sanés, o Bernd Block y su escultura en hierro en la avenida Caritat Serinyana.

Entrar en un estudio impone menos de lo que parece: la puerta abierta es una invitación. Se mira, se pregunta si apetece, y se sale con o sin obra, pero siempre con algo.

Tiendas de diseño local y vintage

Para el que prefiere tienda a taller, hay paradas con criterio. Sa Botigueta, desde 2008 en la avenida Víctor Rahola, reúne regalos, joyas y bolsos con diseños propios y de diseñadores locales. En la plaça de l'Estrella, Moksha rebusca en el vintage, y Cheveríssima Vintage, en Caritat Serinyana, se define como un espacio de arte que recupera piezas de otras épocas.

Ninguna de las tres vende nada que necesites, que es exactamente el punto: son tiendas para pasear despacio, tocar y dejarse convencer, con el pueblo blanco esperando fuera.

El dulce para el camino: los taps de Cadaqués

Y como toda compra de pueblo debe acabar en algo de comer, apunta el recuerdo comestible local: los taps de Cadaqués, bizcochos con forma de tapón de champán que son la especialidad de la Pastelería Mallorquina, cerca de la plaza Doctor Trémols. Junto con la histórica Pastisseria Quer —cinco generaciones desde 1879— y hornos como Es Fornet, completan el mapa dulce del pueblo.

Una bolsa de taps aguanta el viaje de vuelta mejor que cualquier figurita, y tiene una ventaja definitiva sobre el resto de recuerdos: desaparece. Lo cual es la excusa perfecta para volver.

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