En el cercado de la Senda del Oso, entre los concejos de Santo Adriano y Proaza, solo queda una osa, Molina: Tola murió en 2018 y Paca el 10 de abril de 2025. Se la puede ver con suerte, porque anda suelta en varias hectáreas de ladera y puede pasar una mañana entera fuera de la vista; un oso salvaje desde la senda es improbable.
Busque uno lo que busque sobre la Senda del Oso, casi todo lo que aparece sigue hablando de Paca y Tola en presente. Tola murió en 2018 y Paca el 10 de abril de 2025, así que hoy en el cercado hay una sola osa, Molina. Merece la pena contar la senda con la información al día, y de paso aclarar la pregunta que todo el mundo teclea antes de ir: si se pueden ver osos.
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Paca y Tola ya no están: la corrección que casi nadie ha hecho
La historia empieza en 1989. Unos furtivos mataron a su madre en Asturias y dos oseznas de apenas cinco meses quedaron huérfanas; llegaron a manos del Fondo Asturiano para la Protección de los Animales Salvajes en junio de aquel año. Se las llamó Paca y Tola. En 1996, ya adultas y sin ninguna posibilidad de valerse solas en el monte, se instalaron en un cercado construido para ellas en el monte Fernanchín, a la entrada de la Foz del Picarós, justo en la raya entre los concejos de Santo Adriano y Proaza. Ese cercado —más de cuatro hectáreas de ladera arbolada— es el que dio nombre popular a toda la ruta.
Tola murió en 2018. Paca aguantó siete años más y fue sacrificada el 10 de abril de 2025 para evitarle sufrimiento: rondaba los treinta y seis años, había perdido movilidad y llevaba días sin comer. Para el oso pardo cantábrico son muchos años, bastantes más de los que suele vivir un animal en libertad, y su muerte cerró una etapa que había durado casi tres décadas.
Desde entonces solo queda Molina, a la que también se oye llamar Molinera. Llegó al cercado después de ser rescatada y, como Paca y Tola, no puede devolverse al monte. Vive en el primer cercado, el de 1996. Conviene decirlo con todas las letras porque es un dato que caduca: antes de ir, lo sensato es comprobar el estado actual en la web de la Fundación Oso de Asturias, que es quien cuida de los animales. Nosotros lo verificamos antes de publicar esto y lo revisamos cada temporada, pero la información sobre un ser vivo de treinta años no envejece bien en un texto de internet.
Los osos del cercado no son los osos del monte
Aquí está la confusión que arrastra media red y que conviene deshacer. Los osos del cercado son ejemplares rescatados que, por una razón u otra —quedar huérfanos demasiado pronto, resultar heridos, haberse habituado a la presencia humana—, no pueden sobrevivir en libertad. Están bajo cuidado permanente. No son una muestra representativa de nada: son casos individuales que la Fundación acogió porque la alternativa era peor.
A la vez, y por completo aparte, en esas mismas montañas vive población salvaje de oso pardo cantábrico. Es la misma especie y el mismo territorio, pero no tienen nada que ver una cosa con la otra. Los osos libres se mueven por la cordillera con un instinto muy afinado para evitar a las personas, y una vía verde asfaltada por la que pasan cientos de bicicletas al día es exactamente el sitio del que se apartan. La recuperación de esa población en las últimas décadas ha sido uno de los éxitos de conservación más sólidos de la península, y en buena parte se debe a que se les ha dejado en paz.
El segundo cercado, levantado en 2008 al otro lado de la senda, ayuda a entender el tipo de trabajo que se hace allí. Está diseñado sin esquinas, adrede, para que ningún animal pueda acorralar a otro, y reserva una zona para rehabilitar ejemplares silvestres que necesitan un tiempo en cautividad antes de volver al monte. Es decir: parte de la instalación existe precisamente para que algunos osos dejen de estar allí.
¿Se pueden ver osos en la senda? La respuesta honesta
En el cercado, sí, con suerte. Molina anda suelta en varias hectáreas de ladera con árboles, matorral y desniveles, y no está obligada a asomarse a la valla. Puede pasar una mañana entera fuera de la vista. En invierno la actividad baja mucho. Ir con la idea de que uno se planta allí y ve un oso como quien ve un cuadro es la mejor manera de llevarse un chasco, y buena parte de las quejas que circulan sobre la visita vienen de ahí. La Fundación ha organizado en algunas temporadas actividades guiadas de observación con horarios concretos; si interesa esa opción, hay que confirmarla con ellos, porque cambia de un año a otro.
Un oso salvaje desde la senda es otra cosa. Es improbable. Ocurre —hay gente que ha tenido esa suerte, casi siempre a mucha distancia, a primera hora y con prismáticos, mirando laderas que quedan enfrente—, pero no es un plan, es una casualidad. Vender la Senda del Oso como una ruta donde se ven osos salvajes es sencillamente falso, y además empuja a la gente a comportarse mal cuando no aparece ninguno.
Lo que sí se ve, sin depender de la suerte, es un valle estrecho de caliza con desfiladeros verticales, río abajo todo el rato, buitres planeando sobre las cresterías y una vegetación que en octubre se pone imposible. Eso está garantizado. Los accesos al cercado quedan a un kilómetro escaso del puente de Villamejín, en Proaza, y a unos ochocientos metros del área recreativa de Buyera, así que se llega andando o en bici sin ningún esfuerzo.
Debajo de los pies hay un tren de carbón
La senda no es un camino inventado para turistas: es una vía de tren desmantelada. En 1883 se inauguró un ferrocarril minero que bajaba el carbón de Quirós desde Santa Marina hasta Trubia, y más tarde se le añadió un ramal que arrancaba en Entrago, en Teverga, y se unía al principal en Caranga de Abajo. Por eso el trazado tiene forma de Y: dos brazos que vienen del sur y se juntan para seguir en un tronco único hacia el norte.
Las locomotoras de vapor pararon en 1963 y se levantaron los raíles; la minería siguió sacando el mineral por carretera hasta la liquidación definitiva en 1995. Las obras para convertir la plataforma en vía verde habían empezado en 1991, y los tramos se fueron abriendo por partes: La Esgarrada, junto a Tuñón, hasta Proaza en 1995; Proaza-Entrago en 1996, el mismo año en que llegaron Paca y Tola; Caranga de Abajo-Valdemurio en 1999, y después la continuación hacia Santa Marina. Esa cronología explica una rareza que despista a mucha gente: la senda no tiene un principio ni un final claros, porque nunca se pensó como recorrido, sino como línea de mercancías.
Los túneles son lo mejor del asunto y también la fuente de un error muy repetido. Hay bastantes, excavados directamente en la roca, varios de más de cien metros, algunos iluminados y otros no. Ahora bien: el famoso túnel de Veneros, de unos 260 metros, que decenas de páginas atribuyen a la Senda del Oso, no está en la Senda del Oso. Pertenece a la vía verde que va de Oviedo a Fuso de la Reina, otra antigua línea que enlaza por el norte y que muchos ciclistas encadenan con esta. El dato se ha copiado tantas veces que ya casi nadie lo comprueba.
Cómo recorrerla sin arrepentirse a mitad de camino
Es prácticamente llana, con el firme asfaltado o cementado, y está adaptada de modo que la recorre gente con movilidad reducida salvo alguna limitación puntual en los cruces con carretera. Eso la convierte en una de las rutas más agradecidas del norte para ir con niños o con quien no tiene costumbre. El tramo clásico, de Entrago a Tuñón, ronda los veinte kilómetros: catorce entre Entrago y Proaza, seis más de Proaza a Tuñón. Si se añade el brazo de Quirós hacia Valdemurio y Santa Marina, y la prolongación hacia Trubia por el norte, el conjunto se va bastante más allá de los treinta kilómetros; hay quien habla de cincuenta para toda la red.
El error más común es intentar hacerla entera. Es lineal, no circular: cada kilómetro que se avanza es un kilómetro que hay que desandar, salvo que se organice un coche esperando al otro lado. Sale mucho mejor elegir un tramo, hacerlo con calma y dedicar el tiempo sobrante a bajar al río o a subir a alguno de los pueblos que quedan colgados encima. En bici es donde más luce, y en la zona hay negocios de alquiler, varios con recogida en un punto distinto del de salida.
Dos cosas prácticas. La primera, una linterna o el frontal: dentro de algún túnel se pasa de la luz plena a la oscuridad total en tres pedaladas, y el móvil en la mano mientras se va en bici no es una solución. La segunda, las barandillas. En 2019 hubo accidentes graves por fallos en los cierres de protección, las inspecciones posteriores detectaron más de doscientas deficiencias y desde entonces se han destinado fondos a reparar barandillas, firme y señalización. Está mucho mejor que entonces, pero es una vía sobre plataforma ferroviaria con caídas verticales al río en algunos puntos, y no es sitio para ir mirando el móvil ni para que los críos vayan sueltos veinte metros por delante.
Cómo comportarse delante del cercado
Hay una norma que resume casi todas las demás: no se da de comer a los animales. Ni fruta, ni pan, ni el bocadillo que sobró. Suena a capricho burocrático y no lo es. Un oso que asocia a las personas con comida deja de comportarse como un oso; en el caso de los ejemplares que están en rehabilitación para volver al monte, ese aprendizaje les arruina la vuelta y los condena a quedarse encerrados de por vida. Alimentar a un animal del cercado es, literalmente, cerrarle la puerta a otro.
Lo segundo es el ruido. Gritar, silbar o dar palmadas para que el oso se asome es lo contrario de lo que funciona: lo que consigue es que se retire monte arriba y que nadie del grupo lo vea. La observación se hace en silencio, desde los puntos habilitados, con paciencia y sin trepar a las vallas. Si hay drones de por medio, la respuesta es no; molestan a la fauna y en muchos espacios protegidos están directamente prohibidos.
Y una tercera, menos evidente, que vale para todo el valle: si en algún momento se cruza uno con rastro de oso salvaje —huellas, excrementos, un árbol marcado—, lo correcto es seguir el camino y no salirse a buscar. La razón de que esa población se haya recuperado es que los animales han conseguido mantener la distancia. La visita al cercado tiene sentido justamente por eso: permite acercarse a un oso a los ojos sin necesidad de ir a molestar a ninguno en el monte.
Dónde está esto en realidad
La Senda del Oso queda en el eje Trubia-Proaza-Teverga, en el centro-sur de Asturias, subiendo por el valle del río Trubia desde las afueras de Oviedo. Desde la capital son unos cuarenta kilómetros y algo menos de una hora en coche. Desde el valle del Nalón, que está al otro lado, hay que contar algo más de una hora, porque toca rodear por Oviedo o cruzar por carreteras de puerto. Es una excursión de día, no un paseo de después de comer, y decirlo claro evita salir tarde y llegar al cercado con la luz cayendo.
La compensación es que la zona da para más de una jornada. A un paso de la senda está el desfiladero de las Xanas, una hoz estrechísima excavada por el agua que es de las caminatas cortas más impresionantes de Asturias. El embalse de Valdemurio queda en el brazo de Quirós. En Proaza está la Casa del Oso, sede de la Fundación desde 1996: tres plantas con exposición, sala de audiovisuales y centro de documentación, y el sitio lógico para llegar entendiendo lo que se va a ver. Teverga tiene la colegiata de San Pedro y, más arriba, la cueva Huerta.
Y conviene ir sabiendo qué clase de sitio es. Son valles de minería cerrada, con pueblos que perdieron población y que se sostienen ahora en parte gracias a que pasa gente por esta vía. Las horas de comer son las asturianas y fuera de ellas es difícil encontrar cocina abierta; en temporada baja, muchos locales cierran entre semana. Reservar mesa en los pueblos pequeños no es exceso de previsión, es lo normal.
Preguntas rápidas
¿En cuánto tiempo se llega a la Senda del Oso desde Oviedo?
Desde la capital son unos cuarenta kilómetros y algo menos de una hora en coche.
¿De cuántos kilómetros es el tramo clásico de la Senda del Oso?
El tramo clásico, de Entrago a Tuñón, ronda los veinte kilómetros: catorce entre Entrago y Proaza, seis más de Proaza a Tuñón.
¿El túnel de Veneros está en la Senda del Oso?
No: el túnel de Veneros, de unos 260 metros, pertenece a la vía verde que va de Oviedo a Fuso de la Reina.