La Ruta del Alba, en el Parque Natural de Redes, sale de Soto de Agues y son unos siete kilómetros de ida, del orden de catorce ida y vuelta, con dificultad baja: lo difícil es la distancia, no el terreno. La ruta corta es el Camín del Rebollal, desde Campiellos: unos setecientos metros casi llanos, media hora larga entre ida y vuelta.
En Redes casi todo el mundo empieza por la Ruta del Alba, y una parte se da media vuelta a mitad de camino porque nadie le avisó de que son unos catorce kilómetros contando la vuelta. Ordenar las rutas por el tiempo y el esfuerzo que realmente piden, con el problema del aparcamiento incluido, sirve más que otro listado de fotos bonitas. Esto es lo que cabe en media hora, lo que ocupa una mañana larga y lo que se lleva el día entero.
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Dónde estás exactamente cuando estás en Redes
El Parque Natural de Redes ocupa íntegramente dos concejos, Caso y Sobrescobio, en el sector centro-oriental de la Cordillera Cantábrica. Son unas 37.800 hectáreas, casi 378 kilómetros cuadrados, de los cuales la mayor parte corresponde a Caso, que es un concejo enorme y muy vacío. Fue declarado parque natural en 1996 y Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2001. Nada de esto es decoración administrativa: explica por qué hay tan pocos servicios dentro del parque y por qué las pistas y sendas están donde están, que suele ser donde llevaban siglos estando.
Geográficamente, Redes es el final del valle del Nalón. Se sube por la AS-117 (AS-17 para el Ayuntamiento de Caso) desde la parte baja de la cuenca, se pasa Pola de Laviana, y a partir de ahí el valle se estrecha, aparecen los embalses de Tanes y Rioseco y el paisaje cambia de golpe: de valle minero a valle de montaña en veinte minutos de coche. Rioseco es la capital de Sobrescobio y Campo de Caso la de Caso; en esta última está el centro de interpretación del parque, que es el sitio razonable para preguntar por el estado real de un sendero antes de meterse en él.
Eso último importa más de lo que parece. Redes tiene argayos con cierta frecuencia, y hay tramos señalizados en los paneles que llevan años impracticables. La señalización sobre el terreno no siempre se actualiza al ritmo de la montaña, y algunos de los mapas que circulan por internet dibujan circulares que hoy no se pueden cerrar.
El problema no es la ruta, es dónde dejas el coche
La Ruta del Alba arranca en Soto de Agues, un pueblo de hórreos al fondo de un ramal de carretera. Por las calles del pueblo no se circula salvo residentes, así que el coche se queda sí o sí en el aparcamiento público que hay a la entrada, junto al panel informativo del sendero. Es gratuito y lo es todo el año, pero es finito, y ahí está el problema: en agosto, en fines de semana y en puentes se llena pronto, y a partir de media mañana la gente empieza a dejar el coche por los márgenes de la carretera de acceso, que es estrecha y con curvas.
La regla práctica que repite todo el mundo que ha ido varias veces es sencilla: si llegas temprano, aparcas sin drama incluso en temporada alta; si llegas a media mañana, te toca buscarte la vida. No hay una hora mágica publicada por nadie, pero sí un patrón claro, y es que el aparcamiento se vacía y se llena en función de los madrugadores. Ir entre semana cambia la experiencia por completo, no solo por el aparcamiento sino por el ruido: un desfiladero estrecho amplifica las conversaciones de la gente que va delante.
Hay alternativa sin coche. Existe línea regular de autobús entre Pola de Laviana y Soto de Agues, operada por una empresa local, con pocas frecuencias al día; conviene mirar los horarios actualizados antes de fiarse, porque un servicio de esas características no perdona un retraso a la vuelta. El taxi desde Pola de Laviana o desde Rioseco es la otra salida razonable si vais dos o más y queréis evitar el problema entero. Para el Tabayón, en Tarna, la situación es parecida en pequeño: hay algunas plazas junto a la iglesia de San Pedro y poco más, así que madrugar también es la respuesta.
Media hora: el Camín del Rebollal, desde Campiellos
Es la mejor relación vista/esfuerzo del parque y casi nadie la nombra. El Camín del Rebollal sale de la parte alta de la aldea de Campiellos, en Sobrescobio, y recorre unos setecientos metros de senda casi llana que bordea la ladera cruzando un bosquete de castaños y robles. Es un sendero accesible, con barandilla de madera en todo el trazado y prácticamente sin desnivel, así que ida y vuelta se queda en torno al kilómetro y medio y en media hora larga está hecho, o en una hora si te paras a mirar, que es lo suyo.
Termina en el mirador de Campiellos, con paneles interpretativos que incluyen texto en braille. Desde ahí se ve buena parte del concejo: Rioseco, La Polina, Villamoréi y Soto de Agues abajo, el sistema de embalses de Tanes y Rioseco, y enfrente la línea de montes con La Escrita, el Retriñón y Cuyargayos. Es, literalmente, el mapa del sitio explicado desde arriba, y hacerla el primer día ahorra media jornada de confusión geográfica.
Si vas con niños pequeños, con gente mayor o con silla, esta es la ruta. Y si vas con prisa y solo tienes una hora libre antes de comer, también. No es un premio de consolación: la vista desde el mirador es de las buenas del parque, y se paga con casi nada.
Media mañana larga: el Tabayón del Mongayu, que no es un paseo corto
Circula la idea de que la cascada del Tabayón del Mongayu es una excursión de un rato. No lo es. El sendero sale del pueblo de Tarna, en Caso, a unos 996 metros de altitud, y la cascada está por encima de los 1.200. Según qué medición y qué variante, el recorrido completo se mueve entre los diez y los once kilómetros y medio, con un desnivel acumulado de más de quinientos metros, y las guías serias hablan de entre tres y cinco horas. Es una ruta de dificultad baja o media, sin pasos técnicos, pero es una mañana entera, no un paseo antes del vermú.
El Tabayón es Monumento Natural desde 2003 y es un salto de unos sesenta metros formado por la riega Mongayo en la base de un circo glaciar. El camino sube primero por pista, atraviesa hayedos y abedulares de altura y llega al pie de la cascada por un tramo de piedra. Estás en zona de oso pardo y de urogallo cantábrico, dos especies amenazadas, así que aquí lo de no salirse de la senda y no montar ruido no es una frase de folleto.
Dos avisos concretos. El primero: la circular que aparece dibujada en la señalización no se puede cerrar con normalidad, porque el retorno por la senda del río lleva tiempo deteriorado por desprendimientos; lo sensato es volver por donde se ha subido. El segundo: existe una variante hacia los rebollos centenarios del Llanu del Toru que añade unos dos kilómetros por sentido y bastante desnivel. Es preciosa y es perfectamente prescindible si la mañana va justa.
El día completo: la Ruta del Alba, PR AS-62
La Ruta del Alba sale del antiguo lavadero de Soto de Agues y remonta el río Alba por un camino que usaban pastores y arrieros. Son unos siete kilómetros de ida, o sea, del orden de catorce ida y vuelta, y esa es la cifra que hay que interiorizar antes de salir. El desnivel es modesto y muy repartido: las mediciones que circulan van desde los 350 hasta más de 600 metros acumulados según dónde se ponga el final, y la sensación al andarlo es de subida suave y continua. Dificultad baja, sin pasos aéreos ni nada que requiera técnica, y sendero muy bien marcado. Lo difícil aquí es la distancia, no el terreno.
El recorrido atraviesa las foces de Llaímo, un desfiladero de paredes verticales de cuarcita y caliza, y cruza puentes de piedra como la Pontona y el de la Resquiebra. Por el camino se pasa junto a los restos de la mina Carmen, que estuvo activa buena parte del siglo XX. La ruta termina en Cruz de los Ríos, donde el valle se abre en praderías y hayedos y hay un pequeño refugio con área recreativa y merenderos: el sitio evidente para comer antes de dar la vuelta.
Hay un detalle que casi ninguna guía menciona y que en otoño se paga caro: dentro del desfiladero anochece antes. Las paredes se comen la luz mucho antes de que el sol se ponga de verdad, y un tramo que a las dos de la tarde es un paseo cómodo, a las seis y media de octubre ya es penumbra sobre piedra mojada. Calcula la hora de dar la vuelta contando eso, no contando la hora oficial de puesta de sol.
Es, con diferencia, la ruta más transitada de Redes, y por buenos motivos. Pero es también donde más gente se da media vuelta a medias, precisamente porque llega convencida de que va a un paseo de hora y media.
Cuando quieres que se te coma el día de verdad
Por encima de la Ruta del Alba hay dos clásicos que ya son jornada completa y que conviene planificar como tal. Brañagallones, PR AS-66, sale de Bezanes y sube unos diez kilómetros por pista y sendero hasta la braña, a unos 1.215 metros, lo que deja el ida y vuelta cerca de los veinte kilómetros y unas cinco horas largas de caminata efectiva, sin contar paradas. A los dos kilómetros se pasa por el mirador del Texu la Oración, con vista sobre Bezanes y la cuenca alta del Nalón, y en el tramo final se atraviesa el túnel del Crestón, excavado en la roca. Es una subida constante y sin sorpresas, y precisamente por eso engaña: cansa por acumulación.
La otra es la Ruta de los Arrudos, PR AS-61, desde Caleao. El itinerario oficial completo, Caleao–La Infiesta, se va a los veintitrés kilómetros y unos 1.200 metros de desnivel, con el lago Ubales como final, el único lago accesible del parque. Casi nadie lo hace entero: lo habitual es entrar por el desfiladero de los Arrudos, disfrutar de la parte más espectacular y dar la vuelta cuando toca. Eso es perfectamente legítimo siempre que se decida antes de salir y no a las tres de la tarde con las piernas ya fuera de juego.
Si una ruta no aparece aquí no es porque no exista, sino porque preferimos no soltar nombres sueltos sin distancia, desnivel y punto de inicio comprobados. Redes tiene decenas de sendas más, muchas sin señalizar y algunas que solo tienen sentido con alguien que conozca el terreno. Para eso está el centro de interpretación de Campo de Caso.
Tres cosas que sí importan y que casi nadie dice
La primera es el GPX descargado en el móvil, con el mapa en modo sin conexión. La niebla en Redes no es una anécdota de invierno: aparece en cualquier estación y en cuestión de minutos, sobre todo en la parte alta de Caso, y cuando entra en un hayedo la sensación de dirección se pierde entera. La cobertura móvil dentro del parque es irregular, así que fiarse de cargar el mapa sobre la marcha es una mala apuesta. Descárgalo la noche antes, con wifi.
La segunda es la comida y el agua. En ninguna de estas rutas hay servicios por el camino. No hay bar a mitad del desfiladero del Alba, no hay fuente fiable en la subida al Tabayón y en Brañagallones el refugio abre todo el año, pero comidas y cenas van con reserva. Llevar agua suficiente y algo sólido no es exceso de previsión, es la condición para no acortar la ruta por hambre. Y el calzado con suela agarrada tampoco es opcional: la piedra caliza mojada de un desfiladero resbala de una manera muy particular.
La tercera es la que provoca más medias vueltas frustradas: calcula el regreso, no solo la ida. Cuando una guía dice siete kilómetros, mira si son de ida o totales, porque casi todas estas rutas son lineales. Un cálculo honesto se hace al revés: fija la hora a la que quieres estar de vuelta en el coche, resta el tiempo de vuelta, resta la parada de comer y lo que sale es la hora límite para dar la vuelta, se haya llegado al final o no. La cascada, la braña o el refugio seguirán ahí el año que viene.
Redes queda a un rato corto de coche desde el valle del Nalón, subiendo por la AS-117. Esa es la ventaja poco glamurosa pero decisiva de dormir en el valle en vez de venir desde Oviedo o desde la costa: se puede salir temprano sin que salir temprano duela, y estar aparcado en Soto de Agues, en Campiellos o en Tarna antes de que la cuestión del aparcamiento sea siquiera una cuestión.
Preguntas rápidas
¿Dónde se aparca para la Ruta del Alba?
En el aparcamiento público gratuito a la entrada de Soto de Agues, junto al panel informativo. En agosto, fines de semana y puentes se llena pronto, así que conviene llegar temprano.
¿Hay autobús a Soto de Agues?
Hay línea regular de autobús entre Pola de Laviana y Soto de Agues, con pocas frecuencias al día; conviene mirar los horarios actualizados antes de fiarse.
¿Cuánto se tarda en subir al Tabayón del Mongayu?
El recorrido completo se mueve entre los diez y los once kilómetros y medio, con más de quinientos metros de desnivel acumulado. Las guías serias hablan de entre tres y cinco horas.
¿Cuánto dura la ruta a Brañagallones?
Sale de Bezanes y sube unos diez kilómetros hasta la braña, a unos 1.215 metros: el ida y vuelta queda cerca de los veinte kilómetros y unas cinco horas largas de caminata efectiva.