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Asturias · Gijón y el Nalón

La Senda del Oso en bici: guía práctica

Hubo un tiempo en que por estos valles bajaba el carbón de Quirós y Teverga en vagonetas traqueteantes. Hoy, sobre aquel trazado ferroviario, rueda una de las vías verdes más queridas de Asturias: casi llana, tallada en desfiladeros y salpicada de túneles, con una osa de verdad esperando a mitad de camino. Es de esas rutas que uno hace pensando en los niños y termina disfrutando como el que más. Esta es la guía para pedalearla bien.

Un ferrocarril minero convertido en paseo

La Senda del Oso nació de las vías por las que, a comienzos del siglo XX, salía el carbón de las cuencas de Quirós y Teverga rumbo a Trubia. Cuando las minas cerraron, el trazado quedó mudo hasta que se rehabilitó como vía verde. El resultado es una red de unos 36 kilómetros en forma de Y: un tronco común que arranca en Tuñón (concejo de Santo Adriano) y remonta hasta Caranga, donde el camino se bifurca en dos ramales, uno hacia Bárzana de Quirós y otro hacia Entrago, en Teverga.

Esa herencia ferroviaria es su gran virtud. Los trenes odiaban las cuestas, así que la pendiente es mínima y constante: si se pedalea desde las cabeceras hacia Tuñón, casi todo es una bajada suavísima que se hace sola. El firme está asfaltado y bien conservado, y el trazado se cuela por gargantas y desfiladeros siguiendo el río Trubia entre paredes de caliza.

El cercado de Proaza: Molina y la memoria de Paca

A la altura de Proaza, en el monte Fernanchín, entre este concejo y Santo Adriano, está el gran reclamo de la ruta: el cercado osero, cuatro hectáreas de bosque vallado donde vive un oso pardo en semilibertad. Durante décadas fue el hogar de Paca y Tola, dos oseznas rescatadas en 1989 que se convirtieron en símbolo de la recuperación del oso cantábrico. Tola murió en 2018 y Paca en abril de 2025; hoy la única residente es Molina, una hembra que llegó al recinto en 2013, siendo apenas una cría, tras despeñarse en el monte y no poder devolverse a la naturaleza.

El acceso al mirador es gratuito y queda a unos 700 metros del área recreativa de Buyera, un paseo de diez minutos. Verla no está garantizado —ya no hay horarios de alimentación fijos, así que es cuestión de suerte—, pero las primeras horas de la mañana y el final de la tarde, cuando refresca y suele estar más activa, son las mejores bazas. Conviene bajar la voz y armarse de paciencia: es un animal salvaje, no un espectáculo.

Los tramos, uno a uno

El tronco común, de Tuñón a Caranga, es el más transitado y el más fácil: unos 11 kilómetros de perfil amable, con el puente medieval de Villanueva y el cercado osero de por medio. Es el tramo ideal si se va con niños pequeños o se dispone de media jornada. De ahí en adelante toca elegir ramal.

El ramal de Teverga, de Caranga a Entrago, suma unos 9 kilómetros con algún repecho más marcado y atraviesa túneles excavados en roca viva que dan carácter a la senda —hay linterna en el móvil por si acaso—. El ramal de Quirós, hacia Bárzana, cruza el desfiladero de Valdemurio por su túnel y regala paisaje de montaña. Muchos hacen solo la bajada clásica de Tuñón a Entrago, unos 20 kilómetros; los más rodadores encadenan el circuito largo del valle, en torno a los 36 kilómetros.

Dificultad y planes en familia

Si hay una ruta pensada para pedalear con criaturas, es esta. El desnivel es tan tendido que casi no se nota, no hay tráfico y el asfalto permite ir tranquilo incluso con remolques o sillas de bebé. Buena parte del trazado es apta también para personas con movilidad reducida, sobre todo el tramo central entre Tuñón y Proaza.

La fórmula habitual con familia es sencilla: subir en la furgoneta del alquiler hasta una de las cabeceras y dejarse caer en descenso hasta Tuñón o Proaza, parando en el cercado, en las áreas recreativas y en algún merendero junto al río. Los túneles son el momento estrella para los pequeños. Calcula alrededor de dos horas para la bajada clásica, sin prisa y con paradas.

Dónde alquilar la bici y cómo funciona

En el valle operan varias empresas de alquiler, concentradas sobre todo en Tuñón, Proaza, Buyera y las cabeceras de Entrago y Bárzana. Los precios de 2026 rondan los 28 € por día la bici de adulto, unos 25 € la infantil, 15 € la silla de bebé, 25 € el remolque y en torno a 50 € la eléctrica. Casi todas incluyen en el precio casco, seguro y asistencia en ruta.

La clave del servicio es el traslado: la mayoría te sube con las bicis hasta el punto alto y te recoge al terminar, de modo que solo pedaleas cuesta abajo. Merece la pena reservar con antelación en puentes, fines de semana de verano y Semana Santa, y confirmar los horarios de la lanzadera de vuelta, que varían según la temporada. Si prefieres el ida y vuelta por tu cuenta, también es viable: el llano lo permite sin sufrir.

Cuándo ir y qué no olvidar

La senda se disfruta todo el año, pero la primavera y el principio del otoño son insuperables: menos gente, temperatura amable y el Trubia con buen caudal. En pleno verano conviene madrugar o salir a media tarde, tanto por el calor como para coincidir con las mejores horas del oso. Los túneles guardan frío incluso en agosto, así que una capa ligera nunca sobra.

Lleva agua, algo de picar y calzado cómodo para el corto paseo hasta el mirador. Respeta el silencio en el cercado, no des de comer a ningún animal y ten cuidado dentro de los túneles, donde la luz cambia de golpe. Con eso y una mañana despejada, la Senda del Oso da uno de esos días que se recuerdan mucho después de devolver la bici.

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