En la calle San Francisco de Oviedo hay una confitería cuyo nombre es, en realidad, un cambio forzado. Abrió en 1926 con un nombre en inglés, Royalty, y cuando llegó la posguerra su dueño tuvo que cambiarlo. Eligió Rialto porque se parecía al original y porque le recordaba a Venecia. Desde entonces, de su obrador salen las moscovitas, unas pastas finísimas de almendra y chocolate que mucha gente asocia con Asturias.
De Luarca a Oviedo
La tradición confitera de la familia Gayoso empezó en Luarca, el pueblo marinero del occidente asturiano. De allí trajo el oficio a Oviedo el bisabuelo del gerente actual, y la confitería abrió en 1926 con el nombre de Royalty.
Con el franquismo, los nombres extranjeros no estaban bien vistos, y el dueño tuvo que buscar otro. Se quedó con Rialto: sonaba parecido y le recordaba al puente de Venecia. Hoy está al frente la cuarta generación, Francisco Gayoso.
Las pastas que pedían todos
En el obrador se hacían cada día distintas pastas de té, y los clientes empezaron a pedir sobre todo unas: las de chocolate. El abuelo del gerente actual decidió entonces envasarlas aparte, y así nacieron las moscovitas como producto propio, hace más de ochenta años.
Son una especie de galleta muy fina hecha con almendra marcona, nata, azúcar y chocolate, y se siguen haciendo a mano, con manga y espátula. Han salido pedidos a sitios muy lejanos: la casa recuerda haber enviado novecientas cajas a tres buques de la armada japonesa atracados en Barcelona.
Llevarse una caja
Rialto hace también carbayones, milhojas y palmeras, pero la gente entra a por lo mismo: la caja de moscovitas. Es un regalo que viaja bien y que aguanta, perfecto para llevar a casa después de una estancia en Asturias.
Si pasas por Oviedo, entra aunque solo sea a mirar. Es una de esas confiterías en las que se nota que la receta no es un secreto de marketing, sino una costumbre de familia que se repite todas las mañanas.