El Pozo Sotón es una mina real y el MUMI un museo con una galería reproducida: el Sotón, para quien quiere mina de verdad y aguanta la exigencia física; el MUMI, para niños, claustrofobia o lluvia. Las otras dos visitas son el Ecomuseo de Samuño, en Langreo, y Bustiello, un poblado obrero. Las cuatro funcionan con reserva previa.
Casi todo el mundo llega a las cuencas con la misma pregunta —«¿Pozo Sotón o MUMI?»— y casi nadie la responde bien, porque no son dos versiones de lo mismo: una es una mina de verdad con exigencia física real y otra es un museo con una galería reproducida. Hay además dos visitas más que rara vez entran en la conversación y que a mucha gente le encajarían mejor. Esta es la comparación que falta, con lo que cada sitio es en realidad.
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La pregunta está mal planteada
«Sotón o MUMI» suena a elección entre dos alternativas equivalentes, y no lo es. El Pozo Sotón es una explotación de hulla auténtica, con su castillete, sus jaulas y sus kilómetros de galería excavados para sacar carbón; el MUMI es un museo que construyó bajo su propio edificio una galería reproducida para poder explicar lo que en una mina real no se puede explicar, porque en una mina real no hay tiempo ni luz ni sitio para pararse. Comparar uno con otro es como comparar un barco con el museo naval: los dos tienen sentido, pero no compiten.
Además, quien plantea así la pregunta suele ignorar que en un radio muy corto hay otras dos propuestas distintas. El Ecomuseo Minero Valle de Samuño mete al visitante en un tren que recorre el valle y se interna en una galería real hasta el Pozo San Luis. Y Bustiello, ya en el valle del Caudal, no es una mina en absoluto: es un poblado obrero que explica quién mandaba y cómo se vivía, que es la otra mitad de esta historia y la que casi nunca se cuenta.
Lo que sigue es lo que cada uno es de verdad, con sus exigencias, sus virtudes y sus límites. Tres de los cuatro caben en un radio de media hora en coche; el cuarto queda al otro lado de la divisoria, y aun así el desplazamiento es corto. Todas las plazas funcionan con reserva previa, sin excepción, y en algunos casos los grupos son deliberadamente pequeños.
Pozo Sotón: la mina de verdad, con todo lo que eso implica
El Sotón está entre El Entrego y Sotrondio, en San Martín del Rey Aurelio, y es propiedad de HUNOSA. Lo promovió la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera y se construyó entre 1917 y 1922: fue una de las primeras unidades de extracción por pozo vertical de la hulla asturiana y la más antigua de las que seguían en funcionamiento cuando le llegó el final. Pasó a HUNOSA en 1967 con el resto de la sección minera de Duro Felguera. Dejó de extraer carbón en 2014 y ese mismo año fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento. Suma más de 140 kilómetros de galerías.
Hay dos visitas al interior y la diferencia entre ellas es sustancial. La corta dura en torno a dos horas y media, recorre más de dos kilómetros y se mueve alrededor de los 400 metros de profundidad. La larga se va a unas cinco horas y recorre el interior entre los 386 y los 556 metros de profundidad, hasta la décima planta, e incluye «La Jota»: una chimenea de ventilación que también sirvió de salida auxiliar, ejecutada a mano, entibada solo con madera, unos cien metros de longitud y una pendiente media que supera los 43 grados. No es una escalera. Es un plano inclinado por el que se sube y se baja con las manos ocupadas.
Guían mineros de HUNOSA, gente que trabajó allí, y esa es la mitad del valor de la visita. La empresa entrega traje, guantes, lámpara de seguridad y autorrescatador, y hay formación previa de seguridad antes de entrar. Dentro se camina y también se monta en el tren que trasladaba al personal, y en algún momento se pica carbón o se barrena una galería al lado de quien lo hizo en serio durante años. En el mismo recinto, en la antigua casa de aseo, está el CEMM, el Centro de Experiencias y Memoria de la Minería, que incluye un memorial con los nombres de cientos de trabajadores muertos en la actividad.
Lo que conviene saber antes: hace calor, hay humedad, hay polvo y hay oscuridad de verdad. La edad mínima, las condiciones físicas exigidas y el precio están en pozosoton.es y cambian, así que se consultan allí y no de oído. Si alguien del grupo tiene claustrofobia, problemas de rodilla o de espalda, o simplemente no le apetece pasar horas bajo tierra, no es el sitio y no pasa nada.
MUMI: la mina que no lo es, y por qué eso no es un defecto
El Museo de la Minería y de la Industria de Asturias está en San Vicente, junto a El Entrego, también en San Martín del Rey Aurelio. Su pieza central es la llamada mina imagen: una galería reproducida bajo el edificio del museo, a la que se accede en una jaula que simula el descenso con los sonidos que oiría un minero bajando. Se recorre en torno a un kilómetro de galería y a mitad de camino se monta en el tren que transportaba al personal, que hace un trayecto de ida hasta el socavón de la mina San Vicente y vuelta a la galería principal. La visita al conjunto del museo se estima en unas dos horas y media.
El resto del edificio no es relleno. Hay salas de maquinaria, de minerales, de sistemas de ventilación y el botiquín, esa pieza incómoda y necesaria que recuerda que la mina fue durante décadas el sitio donde más gente se rompía en Asturias. Aquí se puede uno detener delante de una sección, leerla, volver atrás. En el Sotón eso no ocurre, porque el Sotón no fue construido para ser explicado.
Es el que funciona con niños y el que funciona con claustrofobia, y esas dos cosas no son un premio de consolación. Se pisa una galería, se entiende el gesto, se sale sin haber tenido nunca la sensación de estar realmente encerrado a cientos de metros. Para quien viaje en familia, o con alguien mayor, o con alguien que se pone nervioso en un ascensor, es sencillamente la opción correcta. Y si el día viene con agua —que en el Nalón viene a menudo—, es el plan que no depende del tiempo.
Ecomuseo de Samuño: está en Langreo, y el tren es lo de menos
Primera corrección, porque es el error más repetido: el Ecomuseo Minero Valle de Samuño está en Langreo, no en San Martín del Rey Aurelio. La confusión viene de que todo esto se lee junto en los folletos, pero son concejos distintos y valles distintos. Abrió en junio de 2013, después de años de retraso y de una reivindicación vecinal sostenida del propio valle, que es quien empujó el proyecto.
La visita empieza en la estación de El Cadaviu. Desde allí sale un tren minero con un aforo máximo de 70 adultos por viaje que recorre unos dos kilómetros: primero por la trinchera del antiguo ferrocarril, en el fondo estrecho del valle del río Samuño, y después se mete en una galería minera real que conserva sus características. Al final está el Pozo San Luis, al que se entra por galería y del que se sale subiendo en la cesta del castillete. El conjunto dura alrededor de dos horas.
El Pozo San Luis fue profundizado entre 1928 y 1930 por Carbones de La Nueva, empresa que la Real Compañía Asturiana de Minas había adquirido en 1925. Estuvo activo hasta 1969, poco después de integrarse en HUNOSA. Su castillete lo levantó la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera en 1930, con perfiles de hierro y unos veinticinco metros de altura, y el pozo baja algo más de cuatrocientos metros repartidos en seis plantas. En 2013 fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico —conviene decirlo bien, porque circula mucho como «sitio histórico», que es otra figura legal distinta.
Lo que nadie cuenta es que lo mejor de esta visita es un momento concreto: el instante en que el tren pasa de la luz verde y húmeda del valle a la oscuridad de la galería. Es un cambio de estado. El resto —la instalación musealizada, el castillete, la sala de máquinas— está muy bien conservado y es probablemente el conjunto minero más fotogénico de Asturias, pero ese tránsito de dos segundos explica más que un panel.
Bustiello: aquí no se baja a ningún sitio, y por eso hay que ir
Bustiello está en Santa Cruz de Mieres y no es una mina. Es un poblado obrero construido a partir de 1890 y a lo largo del primer cuarto del siglo XX por la Sociedad Hullera Española, la empresa del grupo del marqués de Comillas, Claudio López Bru. El proyecto lo firmó Félix Parent, director francés de las minas de Aller, con el ingeniero de minas José Revilla Haya, siguiendo el modelo de las viviendas obreras de Mulhouse que habían sido premiadas en la Exposición de París de 1867.
Allí hay iglesia —San Claudio—, círculo obrero católico, escuelas separadas para niños y niñas, sanatorio aislado al otro lado del río, y viviendas. Y las viviendas son el documento: casas de obrero con su huerta, chalets de ingeniero con balcón, y los edificios públicos en la cota alta. La jerarquía de la empresa está literalmente escrita en las curvas de nivel del pueblo. Un detalle que pasa desapercibido: Bustiello no tiene plaza en sentido estricto; lo que organiza todo el conjunto es el espacio delante de la iglesia. Eso también dice algo.
En ese espacio está el monumento al marqués, levantado por suscripción de los propios empleados de la empresa tras la muerte de Claudio López Bru en 1925 e inaugurado el 4 de diciembre de 1926, día de Santa Bárbara, obra del escultor Aniceto Marinas. Representa a un obrero ofreciendo flores a la figura del patrono, y la verja que lo rodea está hecha con picos y palas. El centro de interpretación ocupa una de las antiguas viviendas, la casa de don Isidro, y desde allí se entiende el conjunto.
Bustiello es el ejemplo español de paternalismo industrial, y merece explicarse como tal y con matices, no como postal bonita. Hubo casas dignas, escuelas, atención médica y economato en un momento en que la alternativa era la barraca, y eso fue real. Y hubo, a cambio, control sobre la vida entera del trabajador: quién vivía allí dependía de la conducta, de la afiliación al sindicato católico, de la práctica religiosa. Detrás está la Rerum Novarum de León XIII y la idea de que el conflicto social se resuelve desde arriba, con generosidad, para que no se resuelva desde abajo, con organización. Bustiello fue declarado Bien de Interés Cultural en 2017. Se recorre a pie, en poco más de una hora, sin bajar a ningún sitio.
Cómo decidir en tres minutos
Si dispones de media jornada y lo que quieres es la mina de verdad, la visita corta del Sotón sería la respuesta, pero hoy su web la da como «temporalmente fuera de servicio». Si tienes el día entero, buena condición física y esto es directamente el motivo del viaje, la visita larga con La Jota es una experiencia que no tiene equivalente en España; antes de reservarla, lee las condiciones físicas y la edad mínima en pozosoton.es, porque son estrictas por una razón.
Si viajas con niños, si alguien del grupo tiene claustrofobia, si hay movilidad reducida o si llueve a mares, el MUMI. Es cómodo, es completo, se entiende bien y sale de allí sabiendo qué era una mina todo el mundo, incluidos los que no habrían aguantado ni diez minutos en una de verdad. Si tienes unas dos horas, quieres ver galería auténtica sin exigencia física y te apetece que el trayecto sea parte del plan, el Ecomuseo de Samuño. Y si lo que te interesa es la historia social, la arquitectura o el porqué de todo esto —o si en el grupo hay alguien que no quiere entrar bajo tierra bajo ningún concepto—, Bustiello.
Sobre combinaciones: Sotón y MUMI el mismo día se puede, pero es una jornada larga y el segundo se disfruta a medias con el cansancio del primero. MUMI y Samuño se emparejan bien en un día, están cerca y se complementan. Bustiello encaja como media mañana antes o después de cualquiera de ellos, o como plan de un día que amanece feo. Lo que no recomendamos es apretar tres visitas subterráneas en veinticuatro horas: se convierten en la misma visita repetida.
En los cuatro casos hay que reservar con antelación, y en el Sotón especialmente, porque los grupos son reducidos y las plazas vuelan en puentes y verano. Precios, horarios y edades mínimas cambian de temporada: se consultan en las webs oficiales de cada sitio, nunca de memoria ni de un blog —incluido este.
El eje del valle: por qué todo esto está tan junto
Que cuatro visitas de este calibre se concentren en tan poco espacio no es casualidad turística: es la geografía de la hulla. Las cuencas del Nalón y del Caudal fueron durante un siglo el motor industrial del norte de España, y los pozos se abrieron donde estaba la capa, uno detrás de otro, siguiendo el fondo de los valles. Por eso el Sotón y el MUMI están casi a la vista el uno del otro, sobre el mismo tramo del Nalón entre Sotrondio y El Entrego, y por eso el Samuño está justo al otro lado de un cordal.
El fondo del valle sigue recorrido por la línea de vía estrecha, que enlaza las principales localidades de la cuenca y permite moverse sin coche entre algunas de ellas. Aun así, para encadenar visitas con horarios de reserva, el coche da libertad y evita depender de frecuencias. Bustiello queda al otro lado, ya en el Caudal, y la conexión entre ambos valles por carretera es corta.
Hay una diferencia práctica entre hacer esto desde Oviedo o Gijón, en excursiones de ida y vuelta, y hacerlo desde el propio valle. En el primer caso se pierden dos trayectos por día y se llega justo a las reservas de primera hora, que suelen ser las mejores. En el segundo, las visitas dejan de ser expediciones y pasan a ser lo que son: cosas que hay al lado. El valle además tiene una vida propia, de sidrería y de paseo por las vías verdes que ocupan los antiguos trazados mineros, que se aprecia bastante mejor sin la prisa de volver.
Preguntas rápidas
¿Qué duración tiene la visita al Pozo Sotón?
La corta dura en torno a dos horas y media y se mueve alrededor de los 400 metros de profundidad; la larga, unas cinco horas, llega hasta los 556 metros, en la décima planta. La edad mínima y el precio están en pozosoton.es.
¿En qué concejo está el Ecomuseo del Valle de Samuño?
En Langreo, no en San Martín del Rey Aurelio. La visita empieza en la estación de El Cadaviu, en un tren minero con un aforo máximo de 70 adultos por viaje, y dura alrededor de dos horas.
¿Es mejor el MUMI que el Pozo Sotón para ir con niños?
Sí: el MUMI es el que funciona con niños y con claustrofobia. En el Pozo Sotón hace calor, hay humedad, polvo y oscuridad de verdad.
¿En qué zona está Bustiello y cuánto se tarda en verlo?
Bustiello está en Santa Cruz de Mieres, ya en el valle del Caudal, y no es una mina sino un poblado obrero. Se recorre a pie en poco más de una hora.