En la calle Jovellanos de Oviedo hay una confitería con columnas clásicas y un mostrador de mármol de Carrara que sigue sirviendo a los clientes igual que hace más de un siglo. Es Camilo de Blas, y de su obrador salió en 1924 un pastel que hoy es el símbolo dulce de la ciudad: el carbayón. Lo curioso es que no nació de una receta de abuela, sino de un encargo: el alcalde necesitaba un dulce que representara a Oviedo en una feria, y un confitero se puso a pensar.
Una confitería leonesa que se quedó en Asturias
La historia empieza en León, donde Camilo de Blas fundó su primera confitería en 1876. En febrero de 1914 abrió la de Oviedo para su segundo hijo, José, y al año siguiente extendió el negocio a Gijón.
Con los años, la confitería de León cerró, y la de Oviedo es la que ha llegado hasta hoy. El local de la calle Jovellanos se restauró respetando su fachada original, sus columnas y el mostrador de mármol de Carrara.
Un dulce para una feria
En 1924 el alcalde de Oviedo encargó a la casa que ideara un producto para representar a la ciudad en la primera Feria Internacional de Muestras de Gijón. José de Blas, segunda generación, creó un pastel de base de hojaldre cubierta de crema de almendra marcona, bañado en yema y terminado con un baño de azúcar.
Lo llamaron carbayón, que es como se llama popularmente a los de Oviedo, por el carbayu, el roble que durante siglos presidió la ciudad. Un dulce hecho para un día se quedó un siglo.
Comerlo donde nació
Hoy hay carbayones en muchas confiterías de Oviedo, pero probarlo en el mostrador donde se inventó tiene otro sabor. Es un pastel pequeño, dulce y rotundo: uno basta, dos son un capricho.
Si vas a Oviedo a pasar el día desde el valle, es la parada ideal a media mañana, entre la catedral y el Campo San Francisco. Y si alguien te pregunta qué traer de Asturias, ya lo sabes.