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Cadaqués · Costa Brava

Cadaqués en invierno: qué cierra, la fiesta del 18 y el erizo

Foto: Severin.stalder · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Entre noviembre y marzo Cadaqués no tiene colas, pero una parte considerable de los negocios cierra semanas enteras o abre solo fines de semana, y la Casa Salvador Dalí de Portlligat cierra aproximadamente del 7 de enero al 11 de febrero. Los motivos para ir son la Festa Major d'hivern del 18 de diciembre y la temporada del erizo, de enero a marzo.

Cadaqués fuera de temporada es el mismo pueblo sin cola en ningún sitio y con la luz que deja la tramontana cuando termina de barrer el aire. También es un pueblo donde media calle tiene la persiana bajada y donde el museo que casi todo el mundo viene a ver cierra un mes entero. Esto es lo que pasa de verdad entre noviembre y marzo, y los dos motivos por los que compensa venir.

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El pueblo cuando se va la gente

Casi todo lo que se puede decir de Cadaqués empieza por su geografía. Se llega por una sola carretera, la GI-614, que sube desde Roses, cruza la sierra y baja al pueblo por el coll de Perafita. No hay atajo, no hay ruta alternativa, no hay manera de pasar por Cadaqués camino de otro sitio: quien llega, llega a propósito. En agosto esa carretera es una fila de coches; entre noviembre y marzo es una carretera de montaña vacía con vistas al golfo de Roses, y ese contraste ya cuenta buena parte de la historia.

El otro factor es la tramontana. Es un viento del norte y noroeste que sopla con especial intensidad de noviembre a marzo y que en el conjunto del Empordà sopla con frecuencia a lo largo del año. En el sector del Cap de Creus alcanza su máxima violencia, y en los puntos más expuestos de la sierra se han registrado rachas por encima de los 150 km/h. Conviene entender que la tramontana no es una anécdota meteorológica sino una condición del sitio: cuando entra, se queda varios días seguidos, revuelve el mar y obliga a replantear los planes. A cambio deja detrás lo que todo el mundo ha venido buscando desde hace un siglo, que es un aire sin una partícula de humedad y una luz que recorta las cosas con una nitidez casi incómoda.

En términos absolutos el invierno aquí no es frío: es Mediterráneo, y los días buenos de febrero pueden sorprender a cualquiera. Lo que cambia la sensación es el viento. Con tramontana, un mediodía luminoso obliga a taparse hasta las orejas en el paseo; sin ella, la misma hora en la plaza es de mangas de camisa al sol. Es un clima de dos estados muy marcados, y en invierno se pasa de uno a otro de un día para otro.

Lo tercero es el censo. Cadaqués tiene menos de tres mil personas empadronadas y en verano multiplica esa cifra varias veces. Fuera de temporada el pueblo vuelve a ser un pueblo: hay obras en las casas, la gente se saluda por la calle, y una parte considerable de los negocios cierra semanas enteras o abre solo fines de semana. Ninguna de las dos cosas es un problema si se sabe de antemano. El error es venir en enero esperando el verano con menos gente.

Lo que cierra de verdad: la Casa-Museu de Portlligat

El dato que más viajes estropea es este, así que va primero. La Casa Salvador Dalí de Portlligat tiene un cierre anual de invierno, aproximadamente del 7 de enero al 11 de febrero, y fuera de temporada alta el horario varía: cierra los lunes en gran parte del calendario, pero en primavera y principios de otoño abre también en lunes. En los meses de menos luz el horario también se acorta respecto al de verano. Las fechas exactas se mueven de un año a otro, así que hay que confirmarlas en salvador-dali.org antes de cerrar nada; es literalmente lo primero que hay que mirar al planear un invierno aquí.

Hay además un detalle que sorprende a mucha gente: la visita es siempre con reserva previa y hora asignada, también en enero, también un martes de febrero con el pueblo vacío. No es una casa-museo de las que se entran por la puerta. Es la casa donde Dalí y Gala vivieron durante décadas, un agregado de barracas de pescadores unidas a lo largo de los años, con pasillos estrechos y habitaciones pequeñas, y solo puede recorrerla un grupo reducido cada vez. Por eso se entra en tandas y por eso en verano las entradas vuelan con semanas de antelación.

Y aquí está la parte buena, porque el mismo dato se lee de dos maneras. Si se esquiva la ventana de cierre, el invierno es con diferencia el mejor momento del año para entrar en Portlligat. Se consigue hora sin pelearla, el grupo va menos apretado y el recorrido —la sala oval, la biblioteca, los huevos del tejado, el patio con la piscina— se puede mirar con calma en lugar de en fila india. Añádase que la propia cala de Portlligat en enero, con las barcas varadas y sin una sola voz, se parece bastante a lo que Dalí describía cuando hablaba del sitio.

El 18 de diciembre: la Festa Major d'hivern

Cadaqués celebra dos fiestas mayores. La de verano cae en la semana de la Diada, el 11 de septiembre, y es la que todo el mundo conoce. La otra es el 18 de diciembre, día de Santa Esperança, y es la que explica el pueblo. La patrona es la Mare de Déu de l'Esperança, cuya imagen preside el altar mayor de la iglesia de Santa Maria; es advocación de gente de mar, y la fiesta tiene raíces antiguas, aunque no he encontrado fuente que documente el año exacto de origen.

La tradición local cuenta el origen de dos maneras que no se molestan entre sí. Una dice que la imagen apareció en lo alto del campanario después de una tramuntanada. La otra, que la trajeron unos marineros salvados de una noche de temporal. Que las dos versiones giren alrededor del viento y del mar no es casualidad, y tampoco lo es que el campanario se recreciera en 1681 precisamente para que sirviera de referencia a los que navegaban. En un pueblo que vivió del mar hasta anteayer, la patrona tenía que ser esto.

El programa habitual del día combina lo religioso y lo civil sin transición: oficio solemne por la mañana en la iglesia, sardanas con cobla por la tarde en es Portal —la explanada junto a la playa, al pie de la cuesta que sube a la iglesia— y baile de fiesta mayor en la Sala l'Amistat, el Casino de finales del siglo XIX que concentra desde entonces la vida social del pueblo. Suele haber también jornada de puertas abiertas en la Casa-Museu, juegos infantiles en el paseo y, en los días de alrededor, teatro, conciertos y cenas populares. Nada de esto es fijo: el ayuntamiento publica el programa de cada año con sus horas, y es la única fuente que sirve.

Un apunte de tono. Esta no es una fiesta montada para visitantes; es el día en que el pueblo se junta consigo mismo en la peor semana del año para el turismo. Se puede ir, se está bien recibido y las sardanas están abiertas a quien las quiera bailar. Pero la manera de estar es la de quien entra en una casa ajena: mirar, participar si te invitan, y no ponerse delante.

El retablo que en verano nadie mira

Dentro de la iglesia de Santa Maria hay una de las cosas más notables del Empordà y una de las peor aprovechadas. El retablo mayor es barroco, mide veintitrés metros de alto por doce de ancho y está considerado uno de los conjuntos barrocos más importantes que se conservan en Cataluña. Lo hicieron los escultores Pau Costa y Joan Torras entre 1723 y 1729. Costa murió en 1726, en plena obra y con una rivalidad conocida entre ambos, y fue Torras quien lo terminó. El dorado, que es lo que lo convierte en lo que es cuando le da la luz, tardó todavía sesenta años más: se completó hacia finales del siglo XVIII.

Lo preside la imagen de la Virgen de la Esperanza, con escenas marianas alrededor y coronado por Sant Tomàs. La iglesia que lo alberga es en sí misma una historia de resistencia: el templo anterior fue destruido en las incursiones de piratas de 1444 y 1543, y el actual se empezó en el siglo XVI y no se consagró hasta 1642. Guarda además un órgano construido a finales del siglo XVII, uno de los más antiguos de Cataluña, pagado con dinero recogido entre los vecinos.

En agosto esa iglesia recibe un flujo constante de gente que entra tres minutos, hace una foto a contraluz y sale. En invierno se puede entrar, sentarse en un banco y estar veinte minutos mirando cómo la luz baja va encendiendo el pan de oro por partes. Es la clase de cosa para la que fuera de temporada resulta objetivamente mejor, y no por nostalgia sino por física: menos gente, menos ruido y un sol bajo que entra distinto.

Los meses del erizo (y por qué la garoinada no es de aquí)

De enero a marzo el erizo de mar está en su mejor momento en toda la Costa Brava. Son los meses en que las gónadas —las cinco lenguas anaranjadas que es lo que en realidad se come— están más llenas, y coinciden con la veda al revés: la captura está prohibida del 1 de abril al 30 de septiembre, de modo que la temporada legal es justo el invierno. En la costa se le llama garoina, garota, oriço, eriçó o bogamarí según a quién se pregunte y en qué tramo.

Aquí toca una precisión honesta que casi ningún texto hace. La garoinada, esa campaña gastronómica con menús dedicados que se anuncia todos los inviernos, es de Palafrugell —con Calella y Llafranc— y viene funcionando desde principios de los noventa. No es de Cadaqués. En Cadaqués se comen erizos en invierno como se comen en toda esta costa, pero no existe una campaña organizada con ese nombre y sería falso venderla. Quien busque específicamente la ruta de menús de garoinada tiene que bajar al Baix Empordà.

Sobre cogerlos uno mismo, cuidado. La pesca recreativa en aguas interiores de Cataluña exige licencia y está regulada con cupo diario por licencia, talla mínima y franja horaria limitada a la mañana; para las comarcas de Girona hay además una resolución específica con sus propios límites. Antes de meterse en el agua con un gancho conviene mirar la normativa vigente del Departament d'Agricultura, porque cambia por periodos y la multa no es simbólica. Se recogen en fondos rocosos poco profundos, aprovechando los días de mar plana, que en un invierno de tramontana no son todos.

Y sobre cómo comerlos, la referencia sigue siendo Josep Pla, que en El que hem menjat describió la costumbre ampurdanesa de acompañarlos de pan, butifarra negra y vino tinto. Suena a combinación improbable hasta que se prueba: el erizo es puro yodo y dulzor marino, la butifarra aporta grasa y hierro, y el pan hace de puente. Es una manera de comer de gente que trabajaba fuera y no una construcción de restaurante, que es exactamente por lo que funciona.

El suquet, el plato que el invierno explica

Si hay un plato de Cadaqués es el suquet de peix, y su lógica es la del pescador que vuelve con lo que no ha vendido. Pescado de roca de tamaños desiguales, patata, tomate, azafrán, y un caldo corto que se liga con el propio almidón hasta quedar en ese punto intermedio entre guiso y salsa del que viene el nombre. No es un plato de lujo por origen: es un plato de aprovechamiento que resultó ser mejor que muchos platos de lujo.

En Cadaqués existe además una variante que se hacía en crudo, sin sofreír antes, y a la que los pescadores llamaban a la marinesca. La preparaba así Lídia Noguer, la Lídia de Cadaqués (1866-1946), pescatera y fondista del pueblo, que cocinó para Dalí y que es uno de los personajes reales más extraordinarios de esta costa: hospedó a Eugeni d'Ors en 1904 y quedó convencida el resto de su vida de que ella era la Teresa de La Ben Plantada, hasta el punto de recitar el libro mientras vendía pescado en la playa. Dalí escribió sobre ella en su Vida secreta con una mezcla de burla y admiración genuina. Existió, está documentada, y su historia se puede rastrear en la bibliografía de la Fundació Gala-Salvador Dalí.

El invierno es cuando el suquet tiene sentido, y es también cuando cuesta más encontrarlo, porque la restauración del pueblo se reduce mucho fuera de temporada. Nosotros no vamos a decir aquí qué locales abren en enero, porque cambia cada año y una lista mal comprobada es peor que no dar ninguna. Lo que sirve es el método: mirar el sitio concreto uno por uno, llamar por teléfono en lugar de fiarse del horario publicado en internet, y contar con que entre semana la oferta se estrecha bastante más que en fin de semana.

Cómo plantear un invierno en Cadaqués

Tres comprobaciones antes de salir de casa, en este orden. Primera, el calendario de la Casa-Museu de Portlligat en su web oficial, para no caer dentro de la ventana de cierre ni en un lunes, y reservar la hora en cuanto se tenga la fecha. Segunda, si el viaje va por la Festa Major, el programa del año en la web del ayuntamiento, que es donde salen las horas reales. Tercera, el sitio donde se quiera comer, uno por uno y por teléfono. Con esas tres cosas resueltas, el resto del viaje se sostiene solo.

Después está el viento, que es lo único que no se puede planificar. Cuando entra tramontana, entra para varios días: el mar se pone imposible, cualquier salida en barca se cancela y los caminos expuestos del Cap de Creus dejan de ser agradables para convertirse en un ejercicio de equilibrio. No hay que dramatizarlo, pero sí llevar cortavientos de verdad y tener siempre un plan de interior. Y conducir con atención en el coll de Perafita los días de rachas fuertes, sobre todo con vehículos altos.

La luz manda el resto de la jornada. En diciembre y enero se va pronto, así que lo que se quiera caminar hay que caminarlo por la mañana: el sendero que sale del pueblo hacia el faro de Cala Nans, o la vuelta a Portlligat por arriba, funcionan especialmente bien con el sol bajo, que es cuando el esquisto del Cap de Creus enseña de verdad sus pliegues. Es un parque natural y una de las formaciones geológicas más raras del Mediterráneo; en invierno, además, se recorre sin cruzarse con casi nadie.

La última recomendación no es logística. Cadaqués fuera de temporada no es el Cadaqués de agosto con menos gente: es otro pueblo, más lento, más cerrado sobre sí mismo y bastante más interesante. Quien venga a tachar una lista de sitios se va a llevar un chasco, porque medio pueblo estará cerrado. Quien venga a estar en un sitio determinado durante unos días, a caminar por la mañana, a mirar el retablo sin prisa y a comer pescado guisado mientras el viento hace ruido fuera, se va a llevar la mejor versión del año.

Preguntas rápidas

¿Cómo se llega a Cadaqués?

Por una sola carretera, la GI-614, que sube desde Roses, cruza la sierra y baja al pueblo por el coll de Perafita. No hay ruta alternativa.

¿Hay que reservar la visita a la Casa de Dalí en Portlligat en invierno?

Sí: la visita es siempre con reserva previa y hora asignada, también en enero. Fuera de temporada alta el horario varía: cierra los lunes en gran parte del calendario, pero en primavera y principios de otoño abre también en lunes.

¿Hay garoinada en Cadaqués?

No: esa campaña gastronómica es de Palafrugell, con Calella y Llafranc. En Cadaqués se comen erizos en invierno, pero no existe una campaña organizada con ese nombre.

¿Qué es la tramontana en Cadaqués?

Un viento del norte y noroeste que sopla con especial intensidad de noviembre a marzo. Cuando entra, se queda varios días seguidos y obliga a replantear los planes.

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