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Cadaqués · Costa Brava

Las mesas con apellido: comer en el Cadaqués de toda la vida

En Cadaqués se puede comer bien en muchos sitios, pero en unos pocos se come, además, historia. Son las casas que llevan décadas con la misma familia dentro: El Marítim desde 1935, Boia Nit desde 1946, el Bar Meliton desde 1957, Es Baluard desde 1967, Casa Anita desde 1969. Sitios por los que pasaron Dalí, Duchamp, Kirk Douglas o García Márquez, y donde todavía te atiende alguien que lleva el negocio en el apellido. Esta es una guía para elegir mesa por la historia que tiene detrás, que en este pueblo es un criterio tan válido como la carta.

Casa Anita: la mesa se comparte

En el carrer Miquel Rosset 16, Casa Anita funciona desde 1969 con un sistema que espantaría a cualquier consultor: no hay menú fijo y las mesas se comparten con desconocidos. Juanito lleva la sala y Maria la cocina, con los postres caseros como sello, y uno se sienta donde hay hueco y come lo que ese día toca.

Por aquí pasó Dalí, como por casi todo lo bueno de este pueblo, pero lo que hace especial la casa no es la anécdota: es que medio siglo después el formato sigue intacto. Entrar solo y salir habiendo conversado con media mesa es parte del precio, en el mejor sentido.

Es Baluard: comer dentro de la muralla

Es Baluard abrió en 1967 de la mano de Quimet Seriñana y Maria Torrents, y hoy lo llevan su hijo Josep Seriñana y Fanni Puig. El local es parte de la antigua muralla del pueblo, con techos abovedados históricos y vistas a la bahía, y el plato de la casa es el suquet de pescado, el guiso marinero de esta costa.

Es difícil pedir más coherencia: una receta de pescadores, cocinada por la segunda generación de una familia del pueblo, dentro de la piedra que defendía Cadaqués. Hay restaurantes con mejores vistas en el mundo; con más contexto, pocos.

El Marítim: noventa años frente a la playa

El decano es El Marítim, fundado en 1935 por Pere Figueras frente a la playa principal, hoy con la cuarta generación —Georgina y Pere— al frente. La lista de comensales ilustres marea un poco: Dalí, Duchamp, Kirk Douglas, Umberto Eco, García Márquez. La carta, en cambio, no ha perdido el norte: paella, arroces, pescado fresco.

Noventa años en primera línea de una playa que ha visto pasar de todo, sin cambiar de familia ni de oficio. Sentarse en su terraza es ocupar, literalmente, el mismo sitio desde el que varias generaciones han mirado esta bahía.

Boia Nit y Meliton: los bares donde el pueblo se encuentra

Para la copa, la historia continúa. Boia Nit, en la playa principal, existe desde 1946 y hoy es la casa del mixólogo Manel Vehí, con cócteles artesanales en un local cuya memoria conecta con los años de Dalí y Duchamp. Y el Bar Meliton, desde 1957, ha sido el punto de encuentro clásico de la comunidad artística del pueblo.

Son dos maneras de acabar el día en el mismo palmo de pueblo: la coctelería con oficio y el bar de toda la vida. Entre uno y otro cabe casi un siglo de tertulias, partidas y conversaciones que ya quisieran muchos museos.

Y dos rarezas muy de Cadaqués

Quedan dos casas que solo podrían existir aquí. Es Grec es el único restaurante griego del pueblo, y su origen se remonta a un grupo de buceadores griegos que llegó a Cadaqués en la época de la búsqueda de coral: la carta es, en el fondo, la huella de una migración. Y la bodega familiar de Juan prescinde de menú y de mesas convencionales —bancos corridos y punto—: Juan decide qué comes.

Súmales el Xiringito de la Mei, institución local que solo abre cuatro meses al año, y tienes el retrato completo: un pueblo pequeño donde cada casa de comidas tiene una historia que no cabe en una reseña de estrellas.

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