En un cerro pelado al este de Gijón, sobre el Cantábrico, una mujer de cincuenta y ocho años se hizo construir en 1909 una casa blanca con una cocina «amplísima, radiante de luz, de agua». Era Rosario de Acuña, nacida en Madrid en 1850, dramaturga y librepensadora, y allí vivió hasta su muerte en 1923. Corrió la leyenda de que era una bruja; los obreros de Gijón subían a verla cada Primero de Mayo.
Una librepensadora que busca un cerro
Rosario de Acuña nació el 1 de noviembre de 1850 en Madrid. Su obra anticlerical más conocida, El padre Juan, es de 1891, y el gobernador la prohibió; según la Wikipedia, en 1886 había sido iniciada en una logia masónica de Alicante con el nombre simbólico de Hipatia.
Compró el terreno de El Cervigón en el verano de 1909: unos 2.500 metros cuadrados, a cuatro o cinco kilómetros de las calles céntricas, según el blog «Rosario de Acuña y Villanueva - Comentarios». Lo escogió a propósito: en una carta de 1916 en El Noroeste decía haber elegido «el más pelado cerro que encontré en toda la costa cantábrica». En Gijón defendió la escuela laica: El Noroeste publicó en octubre de 1911 su discurso «El ateísmo en las escuelas neutras».
La casa blanca y el jardín de las campanillas
Era de planta baja, con dos cuerpos anexos más pequeños y paredes blancas por dentro y por fuera, y una galería central donde cabían la biblioteca, las mesas de estudio y el comedor. Un manuscrito suyo lleva la firma «En mi casa del Cervigón (Gijón) 1º de julio de 1910»: ya vivía allí.
Alrededor plantó rosas, claveles, geranios, un peral, higueras, campanillas moradas y una parra vieja. Blanco y Negro la fotografió en 1911 dando de comer a las gallinas, y en su testamento de 1907 ya pedía que cuidaran de sus perros, «sobre todo mi pobre Tonita».
La casa del diablo, vista desde fuera
Vivía sola y eso alimentó leyendas. El periodista Manuel Álvarez Marrón escribió en el Diario de la Marina de La Habana (7 de marzo de 1912) que los campesinos llamaban a su casa «la Casa del Diablo»; decía haber visto en el muro un cartel, «Es inútil llamar, no se abre a nadie», y un perro enorme vigilando la entrada.
Ella contó su versión en una carta de 1920 a José Nakens: los intereses de la hipoteca, deudas de judías, tocino, harina de maíz y patatas, diez duros de carbón vegetal para todo el año y las mil pesetas anuales de viudedad con las que contaba. Se presentaba, con humor, como «regular cocinera».
Tampoco la dejaron en paz. La policía registró la casa el 24 de julio y el 22 de agosto de 1917, durante la huelga general; El Socialista contó que revolvieron diecisiete baúles durante cinco horas sin encontrar nada. Y el 29 de abril de 1923, seis días antes de morir, El Noroeste publicó su última carta, quejándose de que unos soldados hacían ejercicios de tiro por los trigales de alrededor.
Quién subía a verla
La guía de la ruta cultural del Ayuntamiento de Gijón recoge que acudían el periodista Antonio L. Oliveros, director de El Noroeste, el dramaturgo Joaquín Dicenta y la dirigente socialista Virginia González; el ilustrador Exoristo Salmerón pasaba allí cada agosto una temporada. Y cada Primero de Mayo los obreros hacían una gira hasta su puerta.
El 1 de mayo de 1923, cuatro días antes de morir, les pidió a unos trabajadores socialistas que pusieran en escena El padre Juan, y que ella dirigiría los ensayos si podía. La Sección Artística Obrera lo representó en el Teatro Robledo en julio de 1923.
Un domingo de lluvia
Murió a las seis de la tarde del sábado 5 de mayo de 1923, de una embolia cerebral, según el registro civil. Había prohibido «todo entierro social» y cualquier aviso, y los periódicos locales no dijeron nada. Aun así la noticia corrió de boca en boca y el domingo, bajo la lluvia, subió gente hasta El Cervigón.
Obreros sacaron la caja a hombros hasta la carretera, y el coche fúnebre resultó innecesario: se disputaban el honor de llevarla. Mario de la Viña recordaba en La Libertad, en 1933, una golondrina muerta con las alas extendidas sobre el féretro. El cortejo cruzó Gijón hasta el cementerio civil, el 6 de mayo. En su tumba hay un ladrillo con sus iniciales, R. A., como ella pidió.
Qué fue de la casa
En 1930 salió a subasta ante notario. A finales de los años ochenta la compró el Ayuntamiento, que según la guía municipal la encontró en ruinas: en 1987 pensaba hacer un albergue juvenil y dos años después prefirió una escuela-taller medioambiental, que abrió a finales de marzo de 1992.
Pasó años cerrada. Del 3 de mayo al 30 de julio de 2023 se abrió para la exposición «Rosario de Acuña y Villanueva (1850-1923). Una aproximación desde el Archivo José Bolado», y el día de la inauguración el miGijón recogía la propuesta de la entonces alcaldesa de convertirla en Casa de las Letras de autoras gijonesas. El blog advierte que el edificio actual no es la vivienda original, «mucho más modesta». No consta un horario de visitas actual: conviene preguntar al Ayuntamiento antes de ir.
Cómo acercarse hoy
La casa se ve mejor caminando por la costa. La senda del Cervigón mide 8,5 kilómetros entre el cerro de Santa Catalina y la playa de La Ñora, se inauguró en 1988 y se hace en unas tres horas, según Turismo Asturias (agosto de 2022). El Ayuntamiento tiene además una ruta cultural sobre Rosario de Acuña que termina, a elegir, en la casa o en su tumba.
Comprobado
Datos comprobados en octubre de 2026 en: Wikipedia, Guía de la Ruta cultural Rosario de Acuña del Ayuntamiento de Gijón, blog «Rosario de Acuña y Villanueva - Comentarios», Turismo Asturias y miGijón.