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Asturias · Gijón y el Nalón

Pozo San Vicente: la mina que gestionaron los propios mineros

Hay un lugar en El Entrego, a un paso de nuestros alojamientos del Valle del Nalón, donde ocurrió algo que no pasó en ningún otro rincón de Asturias: una mina gestionada por los propios mineros. Es el Pozo San Vicente, cuyo castillete de casi 17 metros sigue en pie como un faro de tierra adentro. Entre 1926 y 1970, bajo gestión del sindicato minero SOMA, los hombres que bajaban a este pozo cobraban dos pesetas más que en el resto de Asturias y trabajaban una hora menos. Esta es la historia de esa rareza magnífica.

De un coto de 1883 a un pozo vertical

La historia empieza en 1883, cuando se constituye el Coto San Vicente, un grupo de ocho concesiones mineras en la ladera de El Entrego. Durante décadas se explotó como tantas otras minas del valle, hasta que en 1916 la sociedad Carbones de San Vicente tomó el control y decidió modernizar: entre 1918 y 1919 se instaló el pozo vertical, con su castillete tipo torre de 16,80 metros, la estructura metálica que sostenía la jaula de subida y bajada.

Ese castillete es el que sigue en pie hoy, más de un siglo después. En un valle donde tantas instalaciones desaparecieron, verlo recortado contra el verde es entender de un vistazo qué fue este sitio: no un paisaje minero de postal, sino un centro de trabajo donde generaciones enteras se ganaron la vida a oscuras.

1926: el sindicato se hace cargo

Lo que convierte al Pozo San Vicente en un caso único llegó en 1926, cuando el SOMA —el sindicato de los mineros asturianos— asumió el control de la explotación. Fue el único caso de autogestión minera de este tipo: los trabajadores gestionando su propia mina. Y las condiciones lo reflejaban: dos pesetas más de salario que en el resto de las minas asturianas y una hora menos de jornada.

Dos pesetas y una hora pueden parecer poca cosa desde hoy. En la Asturias de los años veinte eran una declaración de principios: la prueba práctica de que la mina podía tratarse con más dignidad. Esa gestión obrera se mantuvo hasta 1970, cuando el pozo pasó a HUNOSA, la empresa pública que agrupó la minería asturiana. El cierre definitivo llegó en 1998, con el ocaso del carbón.

Visitarlo hoy: memoria a pie de castillete

El Pozo San Vicente está a metros del MUMI, el Museo de la Minería, en la aldea de San Vicente de El Entrego, y las visitas guiadas se organizan a través del museo. No esperes grandes efectos: lo que hay es la estructura original, la documentación de la historia minera y obrera, y el silencio de un sitio que trabajó ciento y pico años. A veces eso es más elocuente que cualquier audiovisual.

Se puede fotografiar con libertad, y la ubicación lo pone fácil: en el mismo entorno se concentran el MUMI, el Pozo Sotón y, algo más allá, el Ecomuseo del Valle de Samuño. Es probablemente la mayor densidad de patrimonio minero visitable de Asturias, y está literalmente en el vecindario de nuestros alojamientos del valle.

Por qué esta historia es nuestra

Quien se aloja con nosotros en el Valle del Nalón duerme en pueblos que existen por la mina: Sotrondio, El Entrego, Blimea. El Pozo San Vicente no es una atracción más; es la biografía del sitio. Y su capítulo de autogestión —esa mina donde los mineros decidieron que se podía cobrar mejor y trabajar menos— es de esas historias locales que merecen contarse fuera del valle.

Cadaqués tiene su luz y Barcelona sus mil planes, pero esto solo está aquí: un castillete de 1919 en pie, y detrás, la memoria de la única mina de Asturias que fue de quienes bajaban a ella.

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