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Asturias · Gijón y el Nalón

La alfarería de Faro: mil años de barro a cuatro kilómetros de Oviedo

Foto: Jomafemag · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

A cuatro kilómetros de Oviedo y a unos 350 metros de altitud hay una aldea que lleva haciendo cacharros de barro desde hace casi mil años. Se llama Faro, y en ella han aparecido un horno medieval y restos de cerámica negra que llevan su oficio, como mínimo, hasta el siglo XI. Llegó a tener decenas de alfareros abasteciendo de platos, jarras y botijos al centro de Asturias. Hoy es uno de los dos únicos sitios de la región donde todavía se hace alfarería tradicional, y la historia de cómo ha llegado hasta aquí tiene más de relevo entre personas que de museo.

Un oficio documentado desde el siglo XI

Lo del siglo XI no es una forma de hablar. Además del horno medieval y la cerámica negra encontrados en la aldea, el oficio aparece en el cartulario del convento de San Vicente de Oviedo, en un documento fechado en 1079. Y en el catastro del Marqués de la Ensenada ya se cuentan 72 alfareros en Faro.

Durante el siglo XIX fue una industria de verdad: los alfareros de Faro surtían al centro de la región de los utensilios de casa de la época. Con la industrialización, la loza y el metal de fábrica fueron comiéndose el mercado, y muchos alfareros emigraron hacia el oriente rural, a Piloña, Parres y sobre todo Cangas de Onís, donde llegó a haber hasta cinco alfarerías.

El barro negro y la paxara

En Faro se trabajan dos tipos de cerámica. Una es la oscura, de color pardo que a veces llega a casi negro, que sale del propio barro al cocerse; es la más antigua y la de las piezas cerradas de siempre, como el barbón o la jarra de sidra. La otra es la esmaltada en blanco, decorada en verde, amarillo, marrón y azul.

Los motivos son geométricos y naturalistas, plantas y animales, y hay uno que es casi la firma de la aldea: la paxara, un ser mitad pez y mitad pájaro. Se usaban tres barros distintos, el común, el blanco y uno que aquí llaman barrucu. Platos, escudillas, botijos, figuras del gallu y la gallina: la vajilla de media Asturias salió de estas manos.

Un relevo que empezó en una feria

Durante años el oficio en Faro se sostuvo en una sola familia y, al final, en un solo alfarero: José Manuel Vega, Selito, que lo había heredado de generación en generación. En la Feria de la Ascensión de Oviedo conoció a Verónica Rodríguez, alfarera de Llamas del Mouro, en Cangas del Narcea, que aprendió el oficio con su abuelo siendo niña, y fue él quien la buscó. En octubre de 2022 ella se trasladó a Faro para trabajar con él.

En julio de 2023 una explosión destruyó el taller de Selito. Él se ha retirado por salud, y Verónica siguió: montó un taller nuevo en un local que le cedió una vecina y continúa produciendo. Según la prensa asturiana, hoy solo quedan dos alfarerías activas en toda la región, Faro y Llamas del Mouro, y las dos están ahora conectadas por la misma persona.

Ir a Faro

La aldea está en la parroquia de Limanes, a un salto de Oviedo, y se llega en un rato de coche desde el valle. No es un museo con horario de visita: es un taller donde se trabaja, así que lo razonable es preguntar antes de presentarse.

Si te llevas algo de recuerdo de Asturias, pocas cosas tienen más sentido que una pieza de aquí. No es un souvenir: es barro de una aldea que lleva mil años haciendo exactamente eso, y que sigue haciéndolo porque alguien decidió recoger el testigo.

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