El 23 de abril Barcelona hace algo que no hace ninguna otra ciudad del mundo: se llena de paradas de libros y de rosas, de punta a punta, y la gente se pasa el día regalándose las dos cosas. No es un festival ni una feria organizada desde arriba: es un día laborable en el que todo el mundo, a su manera, compra un libro. Si te pilla aquí, es probablemente el mejor día del año para estar en esta ciudad.
Primero fue la rosa
La parte de la rosa es la más antigua. Los orígenes de la tradición se remontan al siglo XV: en Barcelona se celebraba una feria de rosas con motivo de Sant Jordi, en el Palau de la Generalitat, a la que acudían sobre todo novios, prometidos y matrimonios jóvenes.
La leyenda catalana pone la explicación bonita: de la sangre de la bestia atravesada por el hierro nació un rosal que florecía cada mes de abril. De ahí que la flor sea una rosa y que el día sea en abril. Cinco siglos después, la gente sigue comprando rosas ese día sin pensárselo.
El libro llegó mucho después
La tradición de regalar un libro es del siglo pasado. En los años veinte, el escritor valenciano Vicent Clavel Andrés propuso a la Cambra Oficial del Llibre de Barcelona y al Gremi d'Editors i Llibreters hacer una fiesta para promover la venta de libros en Cataluña.
Los libreros cambiaron la fecha en 1930 y decidieron que el 23 de abril sería el Día del Libro, en conmemoración de la muerte de William Shakespeare y de Miguel de Cervantes. Es decir: la mitad más famosa de Sant Jordi nació como una campaña comercial del gremio de libreros — y funcionó tan bien que hoy es identidad. En 1995 la UNESCO declaró oficialmente el 23 de abril Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, tomando la fecha de aquí.
Dónde está la fiesta
Las paradas se extienden sobre todo por la Rambla y el passeig de Gràcia, pero también por las plazas y calles de alrededor y por los puntos más transitados de cada barrio. La Rambla es el centro neurálgico y, por lo mismo, el sitio donde es más difícil moverse.
El truco de quien vive aquí es no ir al centro. Cada barrio monta lo suyo: en Gràcia, en Sant Antoni, en Sants hay paradas con menos gente, los mismos libros y muchas veces los mismos autores firmando. Comprarás igual de bien y llegarás a casa de mejor humor.
Cómo se vive desde dentro
La costumbre clásica dice libro para él y rosa para ella, y desde hace tiempo mucha gente hace las dos cosas en los dos sentidos, o solo libros. Lo importante es que es un día de regalar, no de comprarse uno mismo, y eso se nota en la calle: la ciudad entera está haciendo el mismo gesto a la vez.
Para quien pasa una temporada en Barcelona, Sant Jordi es la prueba de fuego de si estás viviendo aquí o visitando. Si ese día compras una rosa para alguien de la ciudad, ya estás dentro. Cuesta tres euros y es, con diferencia, la forma más barata de dejar de ser un recién llegado.