← Todas las guías
Barcelona

Sant Medir: la promesa de un panadero que lleva 200 años lloviendo caramelos

El 3 de marzo, en Gràcia, la gente sale a la calle con paraguas abiertos del revés, cubos y bolsas. No llueve. Lo que cae del cielo son caramelos: toneladas de caramelos lanzados al aire desde caballos, carrozas y camiones. Se llama Sant Medir y es, probablemente, la fiesta más entrañable de Barcelona, porque toda ella nace de una sola cosa muy pequeña: la promesa que hizo un panadero del barrio cuando se puso enfermo hace casi doscientos años.

Un panadero enfermo, hacia 1828

Josep Vidal i Granés era un panadero de la Ribera que se estableció en el carrer Gran de Gràcia, número 111, hacia 1828. Se había criado en Sant Cugat y era muy devoto de Sant Medir. Cuando cayó enfermo, prometió que si se recuperaba haría cada año una romería a la ermita dedicada al santo, en la sierra de Collserola.

Se recuperó. Y cumplió. La primera romería a Sant Medir se hizo el 3 de marzo de 1830. Eso es todo el origen: un hombre que se puso bueno y decidió subir andando a una ermita una vez al año para agradecerlo.

Por qué caramelos

Aquí está la parte que convierte una promesa privada en una fiesta de ciudad. Vidal no se limitó a subir al monte en silencio. Llenó un saco de caramelos y lo cargó en su montura, se colgó un tambor del cuello, cogió un zurrón, y se dedicó a recorrer la villa para contar su gran suerte.

Tiraba los caramelos —hechos por él mismo, que para eso era del oficio— para atraer a los niños, y luego le explicaba su recuperación milagrosa a quien quisiera escucharle. Es decir: los caramelos no eran el regalo, eran el reclamo. Doscientos años después la ciudad se ha quedado con los caramelos y la historia se cuenta sola.

Cómo es hoy

El día de Sant Medir es el 3 de marzo. Por la mañana, las colles suben a la ermita de Collserola; por la tarde, bajan a Gràcia y hacen los desfiles por las calles del barrio lanzando caramelos al aire desde caballos, carrozas y camiones. La gente los espera con paraguas, cubos y bolsas, y la técnica del paraguas del revés no es una broma: es la forma eficiente de recoger.

Es una fiesta de barrio, no un espectáculo para visitantes. Quien va con niños lo entiende a los cinco minutos, y quien va sin ellos también, porque los adultos recogen caramelos exactamente con las mismas ganas y menos disimulo.

Ir sin ser un estorbo

Consejo de vecino: ponerse en una calle lateral, no en la principal. El recorrido pasa por buena parte de Gràcia y en las calles secundarias hay menos gente, más caramelos por cabeza y se ve mucho mejor. Y llevar bolsa: si no, acabas con los bolsillos reventados.

Para quien está pasando unos meses en Barcelona, Sant Medir es la mejor demostración de una cosa que esta ciudad hace muy bien: convertir la historia personal de alguien en una costumbre colectiva y mantenerla dos siglos sin que nadie la haya convertido en un producto. Sigue siendo lo que era: gente del barrio dando las gracias, y tirando dulces.

← Volver a las guías

¿Te resolvemos una duda?

Escríbenos y te contestamos nosotros, sin intermediarios. También por WhatsApp si lo prefieres.

Usamos tus datos solo para responderte. Nada de publicidad. Privacidad.