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Asturias · Valle del Nalón

El Valle del Nalón: la Asturias auténtica

Hay una Asturias que no cabe en las postales de playa: la de las cuencas mineras, donde el carbón dio forma a los valles y las montañas empiezan justo donde acaban los castilletes. El Valle del Nalón —Langreo, San Martín del Rey Aurelio, Laviana, Sobrescobio y Caso— es esa Asturias verde, honda y sin colas. Comarca para quedarse: a un lado, el mundo de la mina; a media hora, los hayedos de una Reserva de la Biosfera. De la mina a la montaña, sin repetir camino.

Bajar a la mina: el MUMI y el tren de Samuño

El Museo de la Minería y de la Industria (MUMI), en El Entrego, es la mejor puerta de entrada al pasado del valle. No es un museo de vitrinas: se baja a una mina simulada dentro de una jaula de las de verdad, de esas que durante un siglo llevaron a miles de hombres a la oscuridad. La entrada general ronda los 9,50 € (unos 6 € de 4 a 12 años); conviene mirar el horario antes de ir, porque cierra los lunes y cambia según la temporada.

Para la experiencia más rotunda, sube a Langreo, al Ecomuseo Minero Valle de Samuño. Desde la estación de El Cadavíu, un tren minero se interna por el valle hasta la bocamina del pozo San Luis; la visita dura unas dos horas y hay que reservar (984 08 22 15). Es raro salir de ahí sin entender, de golpe, qué significó vivir de esto.

Laviana, la aldea que Palacio Valdés no quiso perder

Laviana es tierra de novela en sentido literal. Aquí nació en 1853 Armando Palacio Valdés, y su Casa Natal —una casona del siglo XVIII en Entralgo, hoy centro de interpretación— reconstruye el mundo que él contó: la vida campesina, los primeros pozos de carbón y la obra del escritor conviven en sus salas.

La clave está en su novela La aldea perdida (1903), ambientada en estos mismos valles y leída como uno de los alegatos antiindustriales más explícitos de la literatura española: el idilio rural que rompe la llegada de la mina. Recorrer Laviana con ese libro en la cabeza ayuda a entender la mezcla de herida y orgullo que atraviesa toda la comarca.

De la mina a la montaña: Redes y la Ruta del Alba

Aguas arriba, el valle cambia de color. Sobrescobio y Caso forman el Parque Natural de Redes, Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 2001: hayedos, robledales y castañares donde todavía viven el oso pardo y el urogallo. Rioseco, capital de Sobrescobio, es una base tranquila y de piedra desde la que salir a caminar.

La ruta de referencia es la del Alba, que arranca en Soto de Agues. Monumento Natural desde 2001, remonta el desfiladero del río Alba entre cascadas y paredes verticales: unos 14 kilómetros ida y vuelta, de dificultad baja y buena parte por pista, para hacer sin prisa y en familia. El propio Nalón nace más arriba, en la Fuente La Nalona, hacia los 1.460 metros, junto al puerto de Tarna.

La Senda del Oso, a un rato en coche

Para una jornada distinta, cruza al vecino valle del Trubia. La Senda del Oso es una vía verde de más de 30 kilómetros trazada sobre un antiguo ferrocarril minero por el que, hasta mediados de los años sesenta, bajaba el mineral de las minas de Quirós y Teverga hacia la industria de Trubia. Hoy se recorre a pie o en bici entre túneles iluminados, puentes rehabilitados y desfiladeros, casi sin desnivel.

Su seña de identidad es el cercado de osas junto al camino, símbolo de la recuperación del oso pardo cantábrico, donde se puede ver de cerca a estos animales. Desde el Valle del Nalón se llega en coche en cosa de una hora: buen plan de día completo.

El río convertido en fiesta: el Descenso del Nalón

Si viajas a finales de agosto, no te pierdas el Descenso Folklórico del Nalón, Fiesta de Interés Turístico Nacional. La LVII edición se celebra el sábado 22 de agosto de 2026 en Pola de Laviana: decenas de embarcaciones, balsas y artefactos flotantes bajan el río minuciosamente decorados, en clave de humor, música y crítica local.

Desde 2024 la cita se completa con el Regodón, un festival de música con conciertos, food trucks y entrada libre. Es el día en que el valle entero se echa al río y a la calle; conviene organizarse con antelación, porque Laviana se llena.

Comer en el valle: del queso Casín a los suspiros

La mesa del Nalón deja huella. El queso Casín —Denominación de Origen Protegida, elaborado en Caso, Sobrescobio y Piloña— es uno de los más antiguos de España: intenso, amasado a mano, para paladares de sabores fuertes. A su alrededor giran el pitu de caleya, el cabrito, las cebollas rellenas, la fabada y, cómo no, la sidra escanciada.

De postre, la tradición manda: casadielles de nuez, frixuelos, arroz con leche y los suspiros del Nalón, unas pastas de manteca y mantequilla que se hacen en Campo de Caso. Comer aquí no es un trámite entre visitas; es parte del viaje.

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