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Asturias · Gijón y el Nalón

Federico Verdú: el turrón que lleva casi siglo y medio endulzando Gijón

Hay tiendas que son un negocio y tiendas que son un calendario. La de Federico Verdú, en Gijón, es de las segundas: cuando su mostrador se llena de turrón, mazapán y dulces de almendra, la ciudad sabe que la Navidad está cerca, y así viene ocurriendo desde 1882. Aquel año una familia turronera de Jijona, en Alicante, hizo el viaje hasta el Cantábrico y decidió quedarse. Hoy va por la quinta generación en el mismo oficio, con las mismas recetas artesanales de fondo. Más de 140 años después, siguen midiendo el tiempo en navidades.

De Jijona al Cantábrico: un viaje de 1882

Jijona es el pueblo alicantino donde el turrón es casi una religión, y de allí salieron los Verdú en 1882 con destino a una ciudad que entonces empezaba a crecer al calor de la industria: Gijón. No eran los únicos turroneros que en aquella época recorrían España llevando el dulce de almendra y miel allá donde hubiera clientela invernal, pero ellos hicieron algo menos habitual: echar raíces. Se quedaron, abrieron tienda y convirtieron un oficio de temporada en una historia familiar asturiana.

Esa mezcla explica bien lo que uno encuentra hoy: una casa de tradición levantina —turrón de Jijona, turrón de Alicante, mazapanes— plantada en pleno Gijón desde hace casi siglo y medio. Pocas ciudades pueden presumir de que su turronero de cabecera lleve más de 140 años en el mismo empeño.

Cinco generaciones detrás del mismo mostrador

Lo extraordinario de Federico Verdú no es solo la fecha de fundación, sino la continuidad: la empresa va hoy por su quinta generación. Cinco generaciones aprendiendo el punto de la almendra, la textura exacta que separa un turrón blando de Jijona de uno duro de Alicante, y el ritmo de un negocio que vive con intensidad la campaña navideña y la espera el resto del año.

En tiempos de dulces industriales y marcas que aparecen y desaparecen, hay algo entrañable en comprar el turrón donde lo compraron —literalmente— los bisabuelos de muchos gijoneses. La tienda mantiene la fabricación artesanal de turrones clásicos, mazapanes y dulces especiales, y hoy vende también online, pero el gesto que importa sigue siendo el mismo: entrar, oler a almendra tostada y salir con el paquete de todos los diciembres.

Jijona o Alicante: pequeña guía para elegir

Si nunca has comprado turrón en una casa especializada, la primera decisión es de manual: Jijona o Alicante. El de Jijona es el blando, una pasta densa de almendra molida que se deshace; el de Alicante es el duro, con la almendra entera atrapada en una lámina crujiente. En Verdú conviven ambos con mazapanes y dulces navideños especiales, todos de elaboración artesanal, y el consejo de la casa vale más que cualquier guía.

Nuestro consejo de anfitriones: si visitas Gijón en temporada navideña, reserva un hueco en la maleta. Y si vienes en otra época, su web permite comprobar qué hay disponible, porque una empresa que ha sobrevivido a dos siglos distintos hace tiempo que aprendió a no depender solo de diciembre.

Por qué nos gusta mandarte aquí

Desde nuestros alojamientos en Asturias siempre preferimos señalar comercios con historia antes que franquicias intercambiables. Federico Verdú es exactamente eso: un negocio familiar que lleva desde 1882 haciendo lo mismo y haciéndolo bien, un pedazo de Alicante injertado en Gijón que ya es tan gijonés como la escalerona. Visitarlo no es una parada de compras; es asomarse a 144 años de constancia.

Queda a un paseo del centro de Gijón, así que encaja fácil en cualquier plan urbano: mañana de playa de San Lorenzo, culín de sidra a mediodía y, de camino a casa, un paquete de turrón que lleva cinco generaciones de oficio dentro.

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