Cadaqués carga con una fama difícil de sostener —el pueblo más bonito de la Costa Brava— y, contra todo pronóstico, la sostiene. Parte del mérito es geográfico: se llega por una carretera de curvas sobre el Pení que disuade a la prisa, y ese aislamiento ha conservado el blanco encalado, las barcas varadas y la luz que ató a Dalí a este rincón durante décadas. Dos días bien repartidos bastan para lo esencial sin ir con la lengua fuera: el casco antiguo, Portlligat, el Cap de Creus y un par de calas. Esta guía se detiene sobre todo en lo que de verdad complica la visita en verano —dónde dejar el coche y cómo subir al faro cuando la carretera se cierra al tráfico—, que es justo donde se tuercen los planes.
Antes de nada: el coche y el aparcamiento
La primera decisión sensata al llegar es dejar el coche quieto y moverse a pie: el casco antiguo es un laberinto de callejones empinados y adoquín cortante (el 'rastell') donde el coche solo estorba. Aparcar en el centro es una lotería —pocas plazas y casi todas en zona azul—, así que en verano y fines de semana conviene ir directo al aparcamiento grande de pago de la entrada del pueblo (gestionado por Saba); es amplio, pero en agosto se llena pronto y llega a haber colas.
El truco local: en la parte alta de la riera se aparca gratis todos los días salvo el lunes, cuando se monta el mercado semanal. Sea como sea, aparcad al llegar y olvidaos del volante hasta el día del Cap de Creus.
Día 1 por la mañana: el casco antiguo y Santa Maria
Subid sin rumbo fijo por las callejuelas hacia lo alto del pueblo. Coronándolo está la iglesia de Santa Maria, templo del siglo XVI de gótico tardío levantado después de que el pirata Barbarroja arrasara la iglesia anterior en 1543. Dentro guarda dos piezas que justifican la visita: un colosal retablo barroco dorado dedicado a la Virgen de la Esperanza —más de veinte metros, con los rostros de los marineros que costearon la obra tallados entre las figuras— y el órgano más antiguo de Cataluña, obra de Josep Boscá a finales del siglo XVII.
Frente a la iglesia, un mirador regala la mejor panorámica del pueblo: el mar de tejados encalados, la bahía y el Mediterráneo a los pies. Bajad luego al paseo marítimo, tomad algo mirando las barcas y dejad el mediodía para vaguear sin plan; en Cadaqués el ocio también es una forma de mirar.
Día 1 por la tarde: Portlligat y la casa de Dalí (reservad sí o sí)
A quince minutos a pie del centro, cruzando el istmo, está Portlligat: una cala de pescadores diminuta donde Dalí y Gala convirtieron unas barracas en su casa-laberinto. La Casa-Museu Salvador Dalí es la visita estrella y funciona con cita previa y aforo muy reducido (grupos pequeños, cada pocos minutos). En temporada alta la entrada ronda los 18,50 € por la web oficial —algo más en taquilla—, y el recorrido, con acompañamiento del personal, dura unos 45 minutos entre estudio, salón, dormitorio y jardines.
La norma es inflexible: hay que reservar con antelación (en verano vuela) y presentarse al menos media hora antes de la hora asignada, o se pierde la entrada sin reembolso ni cambio. Comprad en la web de la Fundació Gala-Salvador Dalí en cuanto tengáis fechas. Y si no queda hueco en la casa, el paseo hasta la bahía de aguas quietas de Portlligat ya compensa la caminata.
Dónde comer pescado y cocina marinera
Cadaqués es pueblo de mar y se nota en el plato. La referencia casera es Casa Anita: sin carta impresa —los camareros te 'cantan' lo que ha entrado ese día—, cocina catalana de siempre y un ambiente que lleva décadas igual; conviene reservar porque siempre está lleno. Junto al agua, Es Baluard lleva el género de la lonja a cocina marinera de nivel, con el suquet de peix y los pescados del día como apuesta segura.
Para una cena con más ambición está Compartir, el proyecto de tres cocineros salidos de elBulli, con una terraza estupenda para comer al aire libre. Regla de oro en temporada alta: reservar la víspera o el mismo día por la mañana, sobre todo si sois más de dos.
Día 2: el Cap de Creus y el faro sin coche
Reservad el segundo día para el Cap de Creus, el punto más oriental de la península ibérica: roca esquistosa retorcida por la tramontana, sendas entre acantilados y el faro asomado al vacío. Aquí llega el dato que más planes desbarata: del 20 de junio al 31 de agosto de 2026 la carretera entre Cadaqués y el faro está cerrada a los vehículos a motor cada día, de 9:30 a 21:30. En ese horario no se puede subir en coche.
La solución es el aparcamiento gratuito del Corral d'en Morell (unas 120 plazas), a la entrada del pueblo, de donde sale una lanzadera hacia la punta del cabo con paradas en Cala Guillola, el desvío de Tudela y el faro. La ida y vuelta cuesta 7 € (adultos), 5 € para niños de 6 a 14 años y mayores de 65, y es gratis hasta los 5; el billete solo ida son 4 €, o 3,50 € con reserva en un alojamiento o restaurante de la zona. El bus pasa con frecuencia, así que se puede subir pronto, hacer la ruta a pie y volver a placer. A pie y en bici el acceso sigue abierto para quien prefiera ganárselo caminando.
Un par de calas y cuándo ir
Entre visita y visita, el baño. La Platja Gran, en pleno paseo, es la más cómoda y con más servicios, y también la más concurrida. Para nadar tranquilos, Cala Sa Conca queda algo escondida entre acantilados; la propia playa de Portlligat combina chapuzón y Dalí; y las calas de S'Alqueria, en el Racó des Moro, son discretas y silenciosas (con tramos de nudismo). Si os tira caminar, la senda al faro de Cala Nans, que arranca pasada Sa Conca, premia el esfuerzo con soledad y unas vistas de Cadaqués difíciles de olvidar.
Sobre las fechas: en 2026 coincide el Festival Internacional de Música de Cadaqués, que en su 53ª edición se celebra del 28 de junio al 21 de agosto, con conciertos en escenarios como la propia iglesia de Santa Maria y Sa Conca. Un recital de cámara bajo esas bóvedas es un cierre de día difícil de superar; consultad el programa y las entradas en la web del festival antes de viajar.