Hay negocios que cuentan la historia de un pueblo mejor que cualquier libro. La Pastisseria Quer, en Cadaqués, es uno de ellos: abrió en 1879, la fundó Xico Quer, y desde entonces no ha dejado de estar en manos de la misma familia. Hoy va por la quinta generación. Ciento cuarenta y siete años de historia familiar, sin interrupción, en un pueblo que ha visto pasar pescadores, artistas y turistas y que, a pesar de todo, sigue comprando el pan en el mismo sitio de siempre.
De Xico Quer a la quinta generación
La Pastisseria Quer abrió sus puertas en 1879 de la mano de Xico Quer, en lo que hoy es la Avinguda Caritat Serinyana, una de las calles con más movimiento del centro de Cadaqués. Desde entonces, el negocio no ha salido de la familia: cada generación ha tomado el relevo de la anterior, y hoy es la quinta la que atiende el mostrador.
Ese tipo de continuidad es rara incluso en un pueblo como Cadaqués, donde el turismo ha cambiado varias veces de cara desde el siglo XIX. Sobrevivir 147 años como negocio familiar exige algo más que buena repostería: exige que alguien, en cada generación, decida quedarse.
Una Guerra Civil y un brioche francés
La historia de la Quer no ha sido una línea recta. Fue Anton Quer quien mantuvo el negocio abierto durante la Guerra Civil española, en unos años en los que muchos comercios de pueblo simplemente desaparecieron. Después llegó Joaquim, que introdujo el brioche en el catálogo del obrador — un producto que, con el tiempo, se volvería habitual en la pastelería catalana de la zona.
Más tarde, Antoni Quer se formó en Francia y trajo de vuelta técnicas francesas y trabajo con chocolate, ampliando lo que hasta entonces había sido un obrador de pan y bollería tradicional. Cada generación añadió una capa sin borrar la anterior: es, en cierto modo, un pequeño museo vivo de la pastelería de Cadaqués.
El actual, al mostrador
Hoy, el miembro de la familia al frente del negocio sigue atendiendo personalmente en el mostrador — algo cada vez más raro en cualquier pueblo turístico, donde lo habitual es que el dueño desaparezca detrás de un equipo de temporada. En la Quer, comprar el pan de la mañana todavía significa, muchas veces, hablar con un Quer.
Para quien se aloja unos días en Cadaqués, acercarse a esta pastelería no es solo una parada gastronómica: es una manera concreta de tocar la historia real del pueblo, la que no sale en las postales de Dalí y Port Lligat pero que lleva ahí, funcionando, desde antes de que naciera el turismo tal y como lo conocemos hoy.