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Barcelona

La playa del Eixample: el jardín secreto de la Torre de les Aigües

En el Eixample hay una puerta en Roger de Llúria por la que se entra a un jardín que no se ve desde ninguna calle. Dentro hay una torre de ladrillo de 1867, árboles, bancos y una lámina de agua vacía. Durante tres décadas esa lámina fue una piscina pública a la que los vecinos llamaban «la platja de l'Eixample»: una playa a diez kilómetros del mar, en el patio de una manzana. Cerró en 2018 y desde entonces el jardín sigue abierto pero el agua no. Es uno de los sitios más raros y más bonitos de Barcelona, y una lección entera de cómo se hizo esta ciudad.

Una torre para que llegara el agua a los pisos altos

La historia empieza en 1862, cuando se cedieron los terrenos a la Sociedad Ensanche y Mejora de Barcelona, que encargó al arquitecto Josep Oriol Mestres una torre capaz de garantizar el suministro de agua potable en la zona. El proyecto original preveía una torre hexagonal de 24 metros con capacidad para 730 m³, pero el arquitecto municipal no lo aprobó por superar los 20 metros de altura máxima permitidos.

El permiso acabó firmándose el 30 de mayo de 1867, cuando se aceptó que de otra forma no se podía garantizar la presión de agua en los edificios altos. Una máquina de vapor de 20 CV instalada en un edificio anexo —electrificada más tarde— subía el agua del pozo hasta el depósito. En 1870 la torre se recreció una planta más para ganar presión. Es infraestructura pura del XIX, y sigue ahí de pie en medio de un jardín.

El interior de manzana que Cerdà sí quería

El jardín ocupa el interior de una manzana entre Consell de Cent, Diputació, Roger de Llúria y Bruc. Es uno de los pocos ejemplos de interior de illa ajardinado tal como lo pensó Ildefons Cerdà cuando proyectó el Eixample: manzanas con el centro libre y verde, no edificado hasta el último metro. La especulación del siglo XX se comió casi todos los demás.

El Ayuntamiento adquirió el espacio en 1987 y lo abrió al público. Por eso entrar aquí es entrar en la versión del Eixample que no llegó a existir: la que se dibujó y no se construyó. Están recuperándose otros interiores de manzana por la ciudad, pero este, con su torre en medio, es el que mejor lo cuenta.

La playa que cerró por ruido

Durante unos treinta años, en verano se llenaba la lámina de agua y funcionaba como pequeña piscina pública, sobre todo infantil. Los vecinos la bautizaron «la playa del Eixample» y el nombre se quedó. Cerró en 2018 tras las quejas y restricciones por el ruido que generaban los bañistas — un conflicto muy barcelonés: un patio interior amplifica el sonido, y ahí viven personas.

La historia no está cerrada del todo. En mayo de 2025 el consejo del distrito del Eixample aprobó crear una comisión de seguimiento, con grupos políticos, entidades vecinales y técnicos municipales, para estudiar la viabilidad de reabrir el baño. A día de hoy no hay nada decidido: si vas, ve a ver el jardín y la torre, no a bañarte.

Cómo ir y por qué compensa

Se entra por Roger de Llúria, en la Dreta de l'Eixample, y el horario es estacional: de 10:00 a 19:00 en invierno (del 1 de noviembre al 31 de marzo) y de 10:00 a 21:00 en verano (del 1 de abril al 31 de octubre). Es gratis. Conviene comprobar el horario antes de ir, porque los interiores de illa cambian de calendario con más facilidad que un parque grande.

Está a un paseo corto del Colmado Múrria, en la misma calle Roger de Llúria, así que la combinación es evidente: compra en una tienda de 1898 y merienda en un jardín escondido con una torre de 1867 al lado. Para quien vive unos meses en Barcelona, este es el hallazgo que cambia la relación con el barrio: descubrir que detrás de las fachadas cerradas del Eixample hay patios, y que algunos están abiertos. Solo hay que saber qué puerta empujar.

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