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Barcelona

Herboristeria del Rei: la botica de 1823 escondida junto a la Plaça Reial

A la Plaça Reial va todo el mundo. Al carrer del Vidre, la callecita que sale de ella, casi nadie — y ahí está una de las tiendas más bonitas de Barcelona. La Herboristeria del Rei ocupa ese local desde 1823 y sigue vendiendo lo mismo: plantas medicinales. Dentro hay una fuente de mármol, cajones de madera con nombres de hierbas escritos a mano y un busto de Linneo mirando la escena. Es de esos sitios en los que entras a preguntar por una infusión para dormir y sales media hora después habiendo aprendido algo. Y está a treinta segundos de la plaza más fotografiada de la ciudad.

De 1818 a herbolario del Rey

El negocio lo fundó Josep Vilà en 1818 y se trasladó en 1823 al carrer del Vidre número 1, donde sigue. Fue el primer herbolario de la ciudad y probablemente de Cataluña. El salto que le dio su nombre llegó en 1857: Vilà fue nombrado herbolario de cámara de Isabel II, la tienda pasó a ser proveedora de la Casa Real y el establecimiento cambió de nombre para dejarlo claro. De ahí «del Rei».

Ese nombramiento no fue solo un título: fue lo que financió la reforma que hoy hace que el local parezca lo que parece. Una tienda de barrio que se convierte en escaparate de prestigio y que, dos siglos después, sigue teniendo la misma pinta.

Un interior firmado por un escenógrafo

La reforma la hizo Francesc Soler i Rovirosa, en estilo isabelino. Soler i Rovirosa era escenógrafo, y se nota: el local está montado como un decorado teatral, con la mercancía puesta en escena. Se encargó a los hermanos italianos Baratta Rossi una fuente de mármol, que sigue en su sitio, y preside el conjunto un busto de Carl von Linné —Linneo—, el naturalista sueco que dio nombre a media botánica del mundo.

El resultado está declarado Bien Cultural de Interés Local. Es, con la Cereria Subirà y el Colmado Múrria, uno de los tres o cuatro interiores comerciales históricos que quedan enteros en Barcelona. Y sigue siendo una tienda: se entra, se compra, se sale.

Qué se vende y cómo preguntar

Plantas medicinales y productos naturales, a granel y en formato pequeño. La manera de aprovecharlo no es entrar a mirar sino entrar a preguntar: describe qué buscas —dormir mejor, digestión pesada, un té que no lleve cafeína— y deja que te orienten. Es un herbolario, no una farmacia; nadie te va a diagnosticar nada, y si tienes un problema de salud real, esto no sustituye al médico.

Es también un buen sitio para comprar regalos que pesan poco: una mezcla de tila y melisa, sales, jabones. Cosas que se acaban y que huelen bien mientras duran.

Una ruta de cinco minutos que casi nadie hace

El carrer del Vidre está a un paso de la Rambla, entre la Plaça Reial y el Gòtic. Si encadenas la Herboristeria con la Cereria Subirà y bajas después hasta el Born a por frutos secos, tienes una tarde entera hecha de tiendas de doscientos años, sin colas, sin entradas y sin haber pisado ninguna atracción.

Para quien pasa una temporada en Barcelona en nuestros lofts, ese es exactamente el tipo de plan que compensa: barato, corto, repetible y con la ventaja de que se puede hacer un martes lluvioso. La ciudad grande está siempre; estas cuatro puertas, no necesariamente.

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