En Asturias la gaita no es un adorno para turistas. Suena en las romerías, en las procesiones, en los entierros, en las manifestaciones y en las bodas. Es el instrumento más representativo de la región, el que más aceptación popular ha tenido y sigue teniendo, y está presente en todos los acontecimientos sociales. Si pasas aquí unas semanas la vas a oír sin buscarla, probablemente un domingo por la mañana y probablemente sin saber de dónde viene. Esta es la explicación de qué es ese sonido y por qué no se ha ido nunca.
Tres piezas y un cordero
Una gaita asturiana son básicamente tres cosas. El punteru es el tubo melódico, con agujeros, donde se tocan las notas. El roncón es un tubo compuesto de tres piezas que emite una nota pedal continua de acompañamiento, dos octavas por debajo de la tónica del punteru: es ese zumbido de fondo que no cambia nunca y que hace que la gaita suene a gaita. Y el fuelle es el odre, hecho tradicionalmente con la piel entera de un cordero o cabrito, que funciona como depósito auxiliar de aire.
Ese depósito es lo que explica el sonido continuo. El gaitero sopla a ráfagas pero la gaita no se calla nunca, porque el fuelle sigue empujando aire mientras él coge aire. Hoy los fuelles también se hacen con materiales modernos como el Gore-Tex, pero el principio es el mismo que hace siglos.
Cuánto tiempo lleva sonando
Los primeros testimonios escritos sobre la gaita asturiana aparecen desde el siglo XV en documentación eclesiástica y municipal, y hay registros desde la Edad Media, concretamente del siglo XIII. Es decir: llevaba ya siglos aquí cuando empezaron a escribir sobre ella, que es lo que suele pasar con las cosas de la gente.
Durante casi toda esa historia el gaitero fue una figura profesional del pueblo: se le contrataba para la fiesta, tocaba con un tambor al lado y era quien ponía la música de la vida entera de una comunidad. No era un músico de escenario, era un oficio.
Lo que pasó en los ochenta
A principios de los años ochenta hubo un resurgir que recuperó la gaita y la llevó a su máximo esplendor. Entre los artífices de ese renacimiento se cita a Xuacu Amieva y Pedro Pangua, junto a «Son d'Arriba», con Neto y Fariñas. En esos años aparecen las bandas de gaitas, se introduce el solfeo en el aprendizaje, se publican métodos y nacen los grupos de folk.
Ese es el motivo de que hoy no sea un instrumento de abuelos. Una banda de gaitas asturiana está llena de chavales de quince años, y las hay en casi todos los concejos. La gaita no se conservó: se reaprendió, se puso en escuelas y se organizó. Por eso sigue viva y por eso suena tanto.
Dónde oírla de verdad
No hace falta buscar un concierto. La gaita aparece sola: en el desfile de una fiesta patronal, delante de una procesión, en el prau un domingo de romería, en la calle un día señalado. Cualquier fiesta de pueblo del valle del Nalón en verano tiene gaita, y las bandas locales suelen abrir los actos.
El consejo, para quien esté una temporada por aquí, es no intentar programarlo. Oír una gaita a lo lejos un domingo por la mañana y salir a ver de dónde viene es una experiencia bastante mejor que cualquier entrada. Y pasa más a menudo de lo que uno espera.