En la calle San Antonio de Gijón hay una floristería que lleva abierta desde 1894. No es una errata: mil ochocientos noventa y cuatro. La fundó Pedro Múgica, un jardinero vasco llegado de Vitoria que acabó siendo jefe de jardines de la ciudad, y detrás de él venía toda una dinastía de jardineros que en el siglo XIX se instaló en Asturias y fue dejando su firma en jardines privados de media región. Hoy Casa Múgica sigue haciendo lo mismo que entonces: flores bien elegidas, trabajadas con oficio. Hay negocios que son historia local con mostrador.
Un jardinero de Vitoria con las manos en la tierra asturiana
La historia de Casa Múgica empieza antes que la propia tienda. Los Múgica eran una familia de jardineros —una dinastía, en el sentido más literal— que llegó a Asturias en el siglo XIX, cuando las familias burguesas de la región encargaban jardines para sus fincas y palacetes. Pedro Múgica, oriundo de Vitoria, llegó a ser jefe de jardines de Gijón, y en 1894 abrió el negocio que todavía lleva su apellido.
Es bonito pensar que muchos rincones verdes de Asturias, jardines privados que aún existen, llevan la huella de esta familia. La floristería de la calle San Antonio es la parte visible de ese legado: lo que empezó siendo el oficio de diseñar paisajes se destiló, con las generaciones, en el arte más íntimo de componer un ramo.
Ciento treinta y dos años de flores
Piénsalo un momento: una floristería que abrió cuando Gijón aún encendía farolas de gas ha sobrevivido a dos siglos, a guerras, a la industrialización y a la era de comprar flores por internet. Casa Múgica sigue en la calle San Antonio 20, en pleno centro, manteniendo el espíritu artesanal original con el que nació, con la excelencia y la calidad floral como bandera.
Hoy se dedican a lo que las floristerías de verdad han hecho siempre: decoración de bodas y eventos, arreglos para iglesias, composiciones originales. Lo que la distingue no es el catálogo, sino la profundidad de campo: cuando te preparan un ramo, hay detrás más de un siglo de criterio.
Una parada distinta en tu paseo por Gijón
Nadie planea sus vacaciones alrededor de una floristería, y precisamente por eso nos gusta recomendarla. Entre las termas romanas y la sidrería, pasar por la calle San Antonio y asomarse a Casa Múgica es tocar una capa de la ciudad que las guías no suelen contar: la del comercio centenario que sigue vivo no por nostalgia, sino porque hace bien su trabajo.
Y si te alojas con nosotros y hay algo que celebrar —un aniversario, una pedida, unas flores para quien se quedó en casa—, ya sabes dónde encargarlas: en el sitio donde llevan componiendo ramos desde 1894. Pocos regalos pueden presumir de semejante procedencia.